viernes, 31 de enero de 2014

Las cuñas olvidadas



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Las cuñas olvidadas




Samuel T. Whitman


"(Ese invierno) la tormenta de hielo no había sido muy destructiva. Cierto es que se habían caído algunos cables eléctricos y que había en la carretera más accidentes que de costumbre... En circunstancias normales, el enorme nogal habría podido sostener sin problemas el peso que se había creado en sus ramas; fue la cuña de hierro incrustada en su corazón la que provocó el daño.

"La historia de la cuña de hierro tuvo su origen varios años antes, cuando el hoy canoso agricultor (que ahora vivía en esa propiedad donde había estado el árbol) era un jovencito que crecía en el hogar de su padre. En aquel entonces, el aserradero había sido trasladado recientemente del valle y los pobladores del lugar aún encontraban herramientas y piezas sueltas del equipo tiradas por todas partes...

"Ese día en particular, el muchacho había encontrado una cuña de leñador, ancha, chata y pesada, de unos 30 centímetros de largo y bastante gastada por los golpes que había recibido. La cuña del leñador se utilizaba para ayudar a derribar un árbol; ésta se colocaba en una hendidura hecha con una sierra y después se golpeaba con fuerza con un mazo de hierro a fin de ensanchar el corte...

"Como se le había hecho tarde para la cena, el joven colocó la cuña entre las ramas del tierno nogal que su padre había plantado cerca de portón dela entrada y pensó en llevarla al depósito después de la cena o en algún otro momento que pasara por allí.

"De verdad tuvo la intención de hacerlo, pero nunca lo hizo. La cuña estaba todavía allí, un poco apretada por las ramas, cuando el se hizo hombre. Seguía allí, ahora firmemente encajada, cuando el se casó y se hizo cargo de la granja de su padre. Estaba casi incrustada aquel día en que los peones que trabajaban en la trilla comieron a la sombra del árbol... Clavada y olvidada, la cuña todavía permanecía allí cuando azotó la tormenta de granizo.

"En el helado silencio de aquella noche de invierno... una de las tres ramas principales se quebró y cayó a tierra. Eso causó que el resto de la copa del árbol perdiera su estabilidad y se desplomara también. Después de la tormenta, no quedaban vestigios de lo que una vez había sido un hermoso árbol.

"Al día siguiente, bien temprano, el agricultor saió a lamentar su pérdida...
"Entonces, sus ojos vieron algo en medio de aquel desastre: `La cuña´, musitó con tono de reproche, `la cuña que encontré en los pastos del sur´. Una rápida mirada le hizo darse cuenta de por qué se había caído el árbol. Incrustada en el tronco, la cuña había impedido que las fibras de las ramas se entrelazaran como era de esperar."

(Citado por Spencer W. Kimball en Conference Report, abril de 1966, pág. 70)
















Grillos cebolleros



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El Élder Élder Neil L. Andersen, nos cuenta la siguiente historia, digna de recordarse siempre:

Nuestra familia vivió durante muchos años en el estado de Florida. Debido a la alta concentración de arena que hay en este estado, el césped es de un tipo de hoja ancha al que llamamos San Agustín. Un enemigo monumental del césped de Florida es un pequeño insecto marrón llamado grillo cebollero.

Una tarde mientras mi vecino y yo estábamos frente a la casa, nos fijamos en un bichito pequeño que cruzaba la acera. “Será mejor que fumigues el césped”, me advirtió mi vecino. “Ese es un grillo cebollero”. No hacía demasiadas semanas que lo había fumigado, y no pensaba que tuviera ni el tiempo ni el dinero para volverlo a hacer tan pronto.

A la mañana siguiente examiné el césped, el cual estaba frondoso y de un verde muy bonito. Observé si podía ver alguno de esos pequeños insectos, pero no pude ver ninguno. Recuerdo que pensé: “Bueno, quizás aquel pequeño grillo cebollero pasó por mi jardín en camino al de mis vecinos”.

Observé el césped por más de una semana buscando señales de invasores, pero no había ninguna apreciable; y me felicité por no haber hecho caso del consejo de mi vecino.

La anécdota, sin embargo, tiene un final triste. Al salir de casa una mañana, unos diez días después de la conversación con mi vecino, vi, con horror, como si hubiese ocurrido durante la noche, que el césped estaba cubierto de manchas color marrón. Fui entonces a toda prisa a comprar insecticida y lo apliqué de inmediato, pero era demasiado tarde. El césped se había arruinado y para restaurarlo a su estado anterior fue necesario plantar más césped, largas horas de trabajo y un gran gasto.

La advertencia de mi vecino había sido fundamental con respecto al césped. Él vio lo que yo no veía; sabía algo que yo no sabía: que esa clase de grillos viven bajo tierra y se movilizan sólo de noche, por lo que mis inspecciones diurnas no sirvieron de nada. El también sabía que esos insectos no se comen las briznas del césped, sino que se alimentan de las raíces de éste. Y sabía que esas pequeñas criaturas de dos centímetros y medio de largo comerían muchas raíces antes de que yo viese el efecto de ello a flor de tierra. Pagué un precio muy alto por mi petulante independencia.

Vivimos en una época magnífica donde las bendiciones de las que gozamos son suntuosas y exuberantes. Con fe en el Salvador y obediencia a los mandamientos podemos llenar nuestra vida de satisfacción y regocijo.

Pero en estos tiempos de tanta belleza, las dificultades que hallamos al escoger servir al Señor son más sutiles que las de épocas anteriores, aunque sin duda son igual de frecuentes en el ámbito espiritual. Hay grillos espirituales que horadan por debajo de nuestros muros de protección e invaden nuestras delicadas raíces. Muchos de esos “insectos” de maldad parecen pequeños y, a veces, son casi invisibles. Si no los combatimos, harán daño e intentarán destruir lo que es más valioso para nosotros.

Las advertencias de los profetas y apóstoles siempre los llevan a hablar del hogar y de la familia.

Élder Neil L. Andersen, “Los Profetas Y Los Grillos Cebolleros Espirituales”. En Liahona, octubre de 1998

Élder Andersen nació en Logan, Utah, y se crió en Pocatello, Idaho, en una granja ganadera, donde recuerda haber hecho “las tareas típicas de una granja, desde la mañana hasta la noche”. En el bachillerato se destacó como líder estudiantil: llegó a ser presidente del centro de estudiantes del estado de Idaho.
Se graduó de la Universidad Brigham Young, donde fue un Becario Hinckley. También obtuvo una maestría en administración de negocios de la Universidad de Harvard. Luego de terminar sus estudios, se estableció en Tampa, Florida, donde sus negocios abarcaban la publicidad, el desarrollo de bienes raíces y la asistencia médica.