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martes, 2 de septiembre de 2008

Hace muchos años, Javier y yo comentábamos un aspecto que vale la pena resaltar de Los miserables, de Victor Hugo. A Jan Val Jean lo condenan a años de prisión por haberse robado una hogaza de pan. La idea no es exagerada: si no pusieran condenas así de elevadas, toda Francia se lanzaba al saqueo de las panificadoras: En una palabra, a situaciones extremas, medidas ejemplares.

Acá hemos visto lo siguiente en las últimas semanas: a una alumna de la escuela la amenazaron de secuestro, y su papá se la llevó a Alemania. Al papá de otra alumna le dijeron que se fuera o lo iban a matar. Se fue por dos meses. No creyó que iba a pasar nada, regresó, y esa misma tarde lo mataron (ese sí andaba en cosas sucias). A la familia de una tercera alumna la amenazaron de secuestro (no entiendo cómo es que los amenazan, en vez de secuestrarlos), y el jueves pasado la alumna se dio de baja para irse a vivir a El Paso, Texas. Un narco le llama a mi jefe, y le dice (le ordena, de hecho) que acepte a fulanito de tal. "Y espero que entienda que no quiero tener que llamarle una segunda vez", le dice. A unos chicos de la familia De la Cruz, uno que ya se iba a la misión y con llamamiento en mano, se le ocurre estar en el lugar equivocado, a la hora equivocada (en el lugar equivocado es el parque que está frente a su casa), y pasan los narcos tirando ráfaga, y lo matan a él y a su hermanito. Los policías hicieron todo lo que pudieron por evitar salvarlo (los narcos tienen amenazados a la policía: si se salva alguien a quien ellos balean, matan al policía que haya salvado la vida), y su cuñado lo lleva al hospital. Le habían destrozado la columna vertebral: no sólo el dolor era tremendo, sino que se desangraba. No hubo hospital que lo aceptara, porque también los tienen amenazados los narcos. Cuando por fin lo aceptan en la Clínica Dublán, no hubo doctor que quisiera acudir a atenderlo, por lo mismo. Por fin vino uno, de quien por seguridad suya no quiero escribir el apellido, pero el chico de cualquier forma murió.

El domingo hablo con mi madre, bohemios, y la encuentro hecha un manojo de nervios porque en la semana secuestraron y asesinaron a una vecina que vive a cuatro casas de la suya. Hoy habla larga distancia Sab con una amiga suya, y le cuenta que llamaron a los padres de ella, diciendo que la tenían raptada (al fondo, ponen una grabación con una mujer llorando a gritos, como si al tuvieran atormentada) y que si no pagaban el rescate, la matan. Algo así. Vaya: las cosas que antes uno veía muy de lejos, las estamos viendo extremadamente cerca: en primer plano, de hecho. Como que uno sería muy tonto si no aprovecha y compra uno o varios seguros de vida y contra secuestros, si los hay . Yo le tengo dicho a Sab (como si el consejo fuera necesario) que si me secuestran y llaman para pedir rescate, lo único que diga sea: "maten a ese cerdo y dejen de molestarme", y cuelgue. Así al menos saben que no van a negociar, y eso tal vez sea bueno.

Y, por otra parte, pienso en una marcha con velitas y lucecitas para evitar la violencia en el país. Pienso en la gente criticando al gobierno, y los partidos políticos que sólo buscan llevar agua para su molino. Pienso en un momento de mi vida en que pensé que las cosas ya no podían ir peor, que ya había llegado al fondo de todo lo malo que podía pasar, sólo para descubrir cada vez mayor asombro que estaba muy equivocado, que día a día las cosas podían ir más mal, que no hay fondo, ni límite de tiempo.

No quiero aburrirlos con más de lo mismo. Se necesita una mano muy dura, una que no le duela perder votos, sí, pero se necesita por encima de todo un cambio entre el pueblo. El cambio vendrá, como indica la lógica paradójica, de abajo hacia arriba, y para ello se necesita, como ya he dicho antes, una autoridad moral que mueva de veras a todos nosotros, un líder a la altura de un Mahatma Gandhi, algo por el estilo o este buey (el país) no más no va a salir de la barranca.

Y, por otra parte, está lo bueno de todo esto: me gusta ver con mucha claridad que la gente buena está buscando lo bueno. Que mis buenos alumnos buscan con sed al Señor. Eso se me hace glorioso. El consejo de las Escrituras de "permaneced en lugares santos" (y, agregaría yo, "a horas santas y con compañía santa") es más vigente que nunca. Por lo pronto hay un poder que ahora menos que nunca debemos menospreciar: el poder de la oración. Medidas más extremas pueden llegar a ayudar, claro, pero creo que si cada vez más gente hace lo bueno, si se lograra esa unidad nacional que tanto pregonizo, en vez de acabarnos unos a otros, seguro que entre todos podemos con el narco, simplemente porque llegue el momento en que nadie trabaje para ellos. La solución, la medicina, entonces está, desde mi punto de vista, en principios y valores. Puede ser que esto se lleve más tiempo y le toque verlo a nuestros hijos o nietos, pero eso no tiene pérdida. Idealista, si se quiere, pero no quiero, no puedo dejar de ser idealista. No sé qué piensen ustedes, pero yo no veo otra solución. Que tengan buena noche:


Óscar Pech
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass
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