Google+ Followers

sábado, 29 de noviembre de 2008

Everness II (Los enamoramientos de Jorge Luis Borges)

Buenas noches, amigos y familiares:

Ustedes, simplemente, no se imaginan la flojera que me da el iniciar esta carta, porque sé que no será una carta breve, y sé que me llevará muchos días el terminarla. Pero bueno, me armo de valor y allí va:

Borges era un hombre que no fácilmente soltaba prenda acerca de sí mismo. No es raro que él sea un personaje de su obra, pero sólo a manera de juego literario. Su vida personal prácticamente nunca entra en su obra:uno lo lee y sabe de sus juegos mentales, de su inteligencia, de otras cosas, pero no de sus actitudes ante lo cotidiano. Los que se han metido duro a hacerle al investigador, más o menos saben de los romances de su vida, pero casi nadie sabe de esto, ni a muchos les interesa, si es que en verdad un hombre como él podía tener un romance, pero desde ahce mucho les prometí este correo, así que hablaré de los tres "romances" que hubo en la vida de Borges. E iré en reversa, del más reciente, al primero.

1. Sabemos que cuando ya era muy viejo una mujer astuta llega a su vida y lo hace casarse con ella (ella podía ser biznieta de él: él pasaba de los ochenta, y ella andaba por los 30, se llama María Kodama, y es algo así como un avatar de la Bruja mala del oeste, para muestra, dale clic aquí). Ella lo fue rodeando, lo fue acosando, acorralando, como un excelente depredador, y cuando lo tuvo en su poder le fue cortando a ese increíble genio, uno a uno, todos sus contactos con sus conocidos. Ella es una mujer enfermiza. En Borges, esplendor y derrota, María Esther Vázquez, cuenta una anécdota interesante: En un momento dado, cuando Kodama logra que sean novios, ella misma le propone un trato bastante macabro: Borges idolatra a su gato, Beppo. Ella le dice que si la ama, que esa noche mate a su gato, y que también ella matará a su gato como muestra de amor. Es una mujer posesiva, que sabe manipular y acorralar. Borges, para este momento, es ya un anciano indefenso, se siente amedrentado, pero finalmente no tiene el valor de matar a su gato (ignoro si ella sí: es tan desalmada, que acaso sí).

Siempre he afirmado que la muerte de Borges es una especie de suicidio. Quien tenga tiempo, lea su último libro, Los conjurados, y me dará la razón: La muerte está en todos sus poemas: “Sólo me queda la ceniza, nada”, dice en un poema. María Kodama fue el instrumento que le orilló a esa especie de suicidio que fue el ir, enfermo de los bronquios, a ir a pasar un invierno en Suiza. Claro, antes arregló todo asunto legal para que Borges no dejara un centavo a nadie, y ella fuera la heredera absoluta del escritor.

2. El segundo romance es muy raro: estando en la cima de la fama, a los 68 años, el 21 de septiembre de 1967 Borges se casó con Elsa Astete Millán, su primera esposa. Ella proviene de una familia de escritores bastante grises. Ese matrimonio duró hasta octubre de 1970. Se casó casi porque tenía que casarse, porque estaba solo, porque hacía cuatro años había tenido la gran decepción amorosa y todavía, si entiendo bien, no se recuperaba de ella. Pero no se casó enamorado. Se casó porque la madre le escogió la novia. En el diario de Bioy, el 30 de junio de 1967 (pág. 1193), dice de su novia que “la ve grotescamente celosa, ingenuamente ávida de lujo y figuración”. Ella tampoco se casa por amor: se casa con él por llegar a ser la esposa del Gran Escritor. Su matrimonio fracasó por cuestiones literarias. Imagínate: Borges es ciego, y quiere dictarle a su esposa. Ella se resiste a escribir tal como él ha dictado todas sus obras: ella quiere intervenir en el estilo del autor, y se niega a escribir si no es con el estilo de ella. Imagínense. Dice Borges al momento de casarse (ídem., p. 1204): “Me caso el viernes a las cuatro y media... Pongo mi destino en manos de una desconocida”. Más adelante agrega, ese mismo día, acerca de dejar de vivir con su madre: “Pocos hijos han estado junto a su madre sesenta y siete años”. En la p. 1209 (ya es 12 de mayo de 1968) Bioy registra una discusión muy singular entre Borges y su esposa: Una discusión como las que tienen las personas muy civilizadas: donde no hay gritos ni golpes, sino unos desacuerdos que hasta pueden pasar desapercibidos para el ojo no educado en esos trances. Borges se burla de un programa de radio, que considera cursi, y ella se ofende, porque ella siente que él vive en su torre de cristal y desprecia la manera de ver la vida de la gente común y corriente. Le duele la perspectiva de su esposo, que ella empieza a ver como Snob. Después de un comentario que hace él, indiferente, en contra de Palito Ortega, Elsa, “con una rabia suave... pasó media hora sin hablar, con la mirada fija en el platito del pan”. Es una mujer que, me imagino, era normal pero, sin que Borges lo supiera, le rompía fotografías, cartas, recuerdos”. Yo no sé si eso te dice algo a ti. Pero el que tu pareja se meta en tu vida personal, en tu espacio privado, y rompa cosas así, a mí me parece poco menos que imperdonable.

A veces quiere pretender que “es leída”, y dice barrabasada y media. Borges y Bioy, cuando ella mete la pata, guardan el más respetuoso (e incómodo) silencio. Es sólo eso: Borges y ella no eran iguales. No había entendimiento. Pero la mujer es excepcional en otro sentido: se divorcian, y ella jamás, en toda entrevista que le han hecho, ha hablado mal de su ex esposo. Al menos eso tiene en su favor: cuando se le necesitó allí estuvo, en enfermedades, en situaciones difíciles. En muchos sentidos es, bueno, una mujer normal con buen sentido común. Muchos años más tarde, Borges siempre la alabará, como “una mujer que sabía ser toda una dama”.

Quién sabe: Viene un poema de Borges ahora a mi mente, que creo que resume muy bien la vida del escritor:
"He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.
Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida
no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.
Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado."

Jorge Luis Borges. “El remordimiento”


Bueno, paso ahora al tema de mi carta:
3. Cuando Borges se enamoraba, era desaforadamente, así, de perder la cabeza, a la Ana Karenina. Él, que era todo cerebro, de una manera que a mí me hizo darme cuenta un poquito lo que es el amor. Perdonen, lo dije mal: su manera de amar me hizo darme cuenta de un detalle de un detalle en el que yo no había reparado: rara vez nos enamoramos de alguien. Casi siempre nos enamoramos de la imagen que tenemos de ese alguien, y cuando la conocemos mejor, si la imagen que teníamos de esa persona no corresponde con la realidad, vienen las grandes decepciones, se acaba el amor.

A manera de paréntesis: hay una canción de Marco Antonio Muñiz llamada “Luz y sombra” (da clic aquí antes de seguir leyendo, y dime a qué frase me refiero). La canción es pésima, es horripilante, salvo por una frase, que da para título de un libro excelente ¿Escogimos tú y yo la misma frase?: “quien sepa de amores que calle y comprenda.”

Eso era lo que siempre le pasaba a Borges: se enamoraba de alguien perdidamente, y cuando se daba cuenta de que no era lo que él quería de una mujer (él quería una mujer con la inteligencia y la sensibilidad de Sor Juana, la habilidad en la casa de doña Leonor Acevedo de Borges, su madre, y la belleza de Elena de Troya, así como el arte amatorio de Afrodita), se decepcionaba, y terminaba odiando gélida y frenéticamente a dicha persona. Muy raro en ese sentido, Borges. Muy, muy raro.

Decía, que muy poco sabemos de su vida personal y amorosa. Lo poquito que sabemos se debe a sus conocidos. No deja de ser muy raro que lo que sabemos de su vida amorosa, sea lo que leemos en la vida de su mejor amigo, pero bueno, así son las cosas. A mí no me gustaría que cuando yo me muera alguien ande publicando mis correos, por ejemplo. De cualquier forma, en el libro Borges, de Adolfo Bioy Casares, que es el registro del diario de éste último, el sábado 12 de octubre de 1963, (faltaban ocho días para que yo naciera) Borges llega a comer a casa de Bioy, y comenta que le va bastante mal. Que él estaba seguro del amor de una chica. Se escribían cuando él estaba de viaje, y como ahora le estaba yendo bastante bien económicamente, Borges le pide que se casen, y entonces ella le dice que hay otro. Algo que Borges no esperaba. Dice Borges a sus amigos: “Yo creo que lo mejor es dejar de verse, para no caer en la abyección, en los celos, en los reproches; para no contaminar todo el pasado”. Pero de cualquier manera se pasa el día imaginando conversaciones con ella. Con lo que él le diría, lo que ella le respondería, pero siente que eso le conducirá a la locura. Bioy responde: “El tiempo existe, uno olvida todo: lo que quiere olvidar y lo que no quiere olvidar”. Borges cita a Reyes: “El tiempo anda sin nuestra colaboración”, pero se va con esa idea en la mente.

El 19 de octubre (un día antes de que yo naciera) Borges la ve. Es una relación obsesiva, lo sabe: sabe que esto no es amor, pero está en esa condición en que uno ha perdido por completo el dominio de sí mismo. Bioy escribe en su diario: “La relación con esta mujer debe ser un noviazgo blanco. Con noviazgo blanco quiere retener a las mujeres... sin comprender la realidad, habla de su trágico destino repetido y de que por una fatalidad siempre aparece un hombre y se las quita. (Una mujer que dura un año o dos con amor blanco dura mucho; Borges no puede quejarse: debería jactarse)".

Durante los siguientes días, Borges se arma de valor para no verla, pero está deshecho. Trata de dejar de pensar en ella, pero no puede. El 3 de noviembre publica un poema en La Nación, fruto de las experiencias de esos días. El poema se llama Everness, Ajá, es ese poema que compartí con ustedes hace días, y que da origen a este largo correo. Dice Borges: “Lo escribí, porque tenía que hacer algo. Hay algunas ambigüedades, porque estaba pensando en dos cosas al mismo tiempo: el tema evidente del poema; el tema secreto, su relación con la chica que me había dejado. Escribí:

“Sólo una cosa no hay. Es el olvido”

porque sentí que nunca podría olvidarla”.

Así que el poema es dos cosas. Es la respuesta a la idea de su amigo acerca de que uno olvida todo, lo que quiere olvidar, y lo que no quiere olvidar, y es la intención de decirle a ella que nunca podrá olvidarla.

Para el 4 de diciembre sigue obsesionado con ella, y ella ha terminado con su novio. Le dice a Borges que tal vez él tenga algo de esperanza. Para mí es claro que ella no lo ama. Por ejemplo, cuando lo ve viejo, desamparado, ciego; cuando siente el deseo de alejarse de él, ella le pide con desesperación (es alumna de Borges) que declame poemas, un poco como para convencerla, de esa manera, de que no lo abandone. Borges habla con Bioy. Le dice que su situación ahora le parece mejor, “pero que tiene un solo peligro: la esperanza. Y que los griegos tenían razón, que nada turba la paz como la esperanza” (pág. 986). Bioy trata de aconsejarlo. Le dice que no se dé el lujo de enloquecer, porque el amante enloquecido no atrae.

Ahora que leo a Borges en esta situación me cae bastante simpático: parece un anciano adolescente: hace grandes rodeos en su camino, para poder pasar por donde ella se encuentra: me recuerda a mí mismo cuando estaba en segundo de prepa. Creo que nunca volví a hacer locuras como esas. Creo. Bueno, hasta aquí de estas tres historias. Deja te hago una pregunta: ¿Cuál imaginas que es el fin de esta historia? ¿En qué va a terminar?

Para febrero del 64 (Borges tiene 65) finalmente son novios. Borges es un genio, sí, pero no es un tipo fácil de soportar: quien lo atienda debe ocuparse por completo de él: de vestirlo, de lavarlo, de hacer todo por él. En una ocasión los novios van a la playa. Ella no sabe que él espera que ella haga todo por él, y como no le pone el traje de baño, él sale desnudo a la playa. Uno esperaría que ella sufriera mucho como la esposa de Borges, pero no: de la noche a la mañana, sucede lo que siempre en la vida de Borges: se da cuenta de que está enamorado de una imagen mental que no corresponde a la realidad y, de la noche a la mañana, la locura de amor desaparece.

Muy raro el final de la historia, pero al menos, bueno, ella fue la mejor amiga que tuvo Borges hasta el fin de sus días. Y como dijo Stephen King, a veces una buena amistad es mil veces mejor que un enamoramiento. Las cartas están sobre la mesa, no existen compromisos incómodos, no existe esa necesidad compulsiva de dar o de recibir, la relación suele ser mucho más estable y duradera... es muchas veces mucho mejor.

Alguna vez leí un cuento muy malo. Pésimo, por cierto, pero perfecto en lo que quiere decir. Ni siquiera requería la imaginación de la escritora: sencillamente narró lo que le pasaba en su vida: Una mujer vive en su casa con su marido. De repente ella se va haciendo invisible. Primero desaparecen sus ojos, luego sus manos, luego su cuerpo. Llega a ser invisible. Entonces vuelve a aparecer ante él: se va con otro hombre. Imagino que si uno no se cuida es lo que pasa en cualquier matrimonio: si uno no se cuida, su pareja se va volviendo invisible. El la ventaja de una amistad: los amigos no son invisibles. Nunca lo son. Que tu pareja pueda ser tu mejor amiga(o):


Óscar Pech
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass
Publicar un comentario