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domingo, 2 de noviembre de 2008

Una historia de acumuladores (la abundante gente buena de este mundo)

Amigos y familiares:

Al menos cada tres días recibo un correo en donde, quien lo escribe, advierte con urgencia acerca de nuevas formas de secuestro, de inseguridad, cosas así. Correos en los que, de alguna manera, se fomenta un clima de inseguridad, de desconfianza, de alarma, y quien lee esos correos y los cree poco a poco empieza a pensar en que todos los que lo rodean son malos; en que uno debe desconfiar de todos los que lo rodean a uno. Lo cual no deja de ser un poco molesto para mi gusto, porque las cosas no son exactamente así. Yo procuro evitar hablar de estas cosas, y reenviar esos correos amarillistas (de hecho los borro sin siquiera terminar de leerlos) porque no es bueno hablar de estas cosas: el temor engendra temor.

Aquí en Chihuahua la situación está tan difícil como nunca creí ver algo en mi vida. Ignoro cómo estarán las cosas en donde ustedes están, pero aquí más o menos se está dando de baja un alumno por semana. Alguna vez Sab dijo que la diferencia entre la Academia Juárez y el Benemérito es que la primera es la escuela de la Iglesia para los ricos, y el segundo es la escuela de la Iglesia para los pobres. Las cosas no son exactamente así, pero esa es exactamente la percepción que da la escuela: de que hay muchísimo dinero aquí, y acaso no están tan equivocados quienes piensan así: Entre mis alumnos hay de veras mucho dinero. Y en este año hemos visto a padres de familia secuestrados, ajusticiados, extorsionados, cosas así. En la Academia tenemos cerca de un 30% de alumnos no miembros de la Iglesia, y eso es algo que marca de veras a esta escuela. Porque vaya, todos y cada uno de los alumnos que se han dado de baja, tienen de alguna manera familiares que tienen nexos con el narco. Así que se están dando de baja más o menos un alumno por semana. A veces hay una semana sin que nadie se dé de baja, pero a veces hay semanas en las que se dan de baja 3. A la fecha en este ciclo escolar van 31 alumnos dados de baja por temor, gente que se termina yendo a Texas, Nuevo México, o Arizona, ya sea antes o después del secuestro, o antes o después de que le mataron a la mamá o al papá. No quiero entrar en detalles, pero de veras estamos viendo cosas muy pesadas.

Cada día uno escucha historias no de lo que se ve en la tele, sino de lo que le acontece a gente de carne y hueso, a conocidos de uno, gente a la que uno estima, y por eso escuchar correos en donde alguien dice que si recibes una llamada en tu celular… Bueno, esos los borro sin siquiera terminarlos de leer.

Jared se nos puso muy enfermo desde el miércoles, algo que parecía escarlatina, allí que lo llevé con un doctor que aparte es un gran amigo mío. Lo vi con cara de angustia (el narco llama a cada doctor a su casa y les dice que si curan a alguien que llegue baleado, entonces les tocará a ellos), y le pregunté que qué le pasaba. Lo que me contó parece película de los hermanos Almada, y al final terminó diciendo: "a mí no me cuentan las cosas: las vivo", y me sugirió que después de las siete de la noche, no visitara el centro de la ciudad: ya es terreno de narcos.

En vez de contarles en detalle lo que él me contó, prefiero contarles lo que nos pasó el fin de semana pasado. Hyrum necesitaba un nuevo libro para sus clases de piano, porque ya avanzó de nivel. Le pedí a Sab que llamara a la tienda donde se compran partituras, etc., pero se le olvidó hacerlo y, por lo mismo, lo que iba a ser un viaje a El paso, Texas, de medio día, se volvió un viaje de todo un día. Llegamos a Capshaw Music, nos dijeron que no tenían el libro, pero que no nos preocupáramos: el dependiente tomó el teléfono y llamó a la tienda hermana. Tenían el libro, salvo que la tienda hermana estaba al otro lado de la Ciudad, en la Calle Zaragosa (así, con ese, no con zeta), en una parte a donde nunca habíamos ido. Le hice muchas preguntas a este cuate acerca de cómo llegar y todo eso, para no perdernos. Vio que no conocíamos la ciudad como que muy bien, y entonces nos dice que no nos preocupemos, que él llamará a las tiendas cercanas de la competencia para ver si tienen el libro. A mí me anima mucho eso. Renueva mi fe en la humanidad, cuando un comerciante dice, "yo no lo tengo, pero a ver si el de la competencia sí lo tiene". Demuestra una competencia sana, interés en el cliente, seguridad en vez de mezquindad, me anima de veras. Total, que llamó, y nada: no hubo tienda cerca a la qué acudir. Ni modo: seguimos las indicaciones de él, atravesamos la ciudad hacia donde nunca habíamos estado, y llegamos a la tienda. Compramos el libro, nos subimos a la camioneta, y Sab dijo lo que nunca dice: “mira, allí venden helados, se me antoja uno”. Lo que nunca: ustedes saben que cuando yo regalo algo, suele ser algo muy ad hoc, porque como suelo ser observador, siempre le acierto a lo que la gente quiere, o necesita, o le hace falta aunque no se haya dado cuenta. Pero con Sab siempre es un martirio, porque nunca quiere nada, nunca se le antoja nada, nunca desea nada, así que el que quisiera un helado era algo asombroso. Y compramos un helado simplemente delicioso. Nos subimos de nuevo a la camioneta, prendimos el radio, y mientras nos comíamos el helado escuchamos un reportaje interesantísimo en NPR acerca de que el contenido de los cereales dulces (le daban especialmente duro a Corn Pops) es 50% azúcar. Que por más azúcar que le eches al corn flakes, jamás tendrá tanta como la que tenga un cereal dulce: en esencia mostraba cómo quien come cereal dulce, come caramelo con leche y cero nutrientes. El reportaje duró como media hora, así que para cuando se finalizó, ya tenía rato que nos habíamos acabado el helado. Traté de arrancar la camioneta y nada: que no arranca: se había descargado la batería, ya pasaba de medio día, así que muchos comercios ya estaban cerrados, así que fuimos a un taller de servicio medio lejos, caminando. Nada: no había ni manera de que me pasaran corriente. Mandé a Sab con los niños de regreso a la camioneta, que se veía chiquita en un estacionamiento enorme y vacío, y me fui a caminar hasta donde me dijeron que podía comprar una batería. No encontré. Caminando, fui de tienda en tienda, y toda la gente me ayudó: no faltaba quien me diera un ride de una tienda a otra, o me dejara usar su teléfono (mi celular no funciona en los EUA), o al menos me dieran instrucciones de a dónde podría encontrar un acmulador nuevo. El tiempo pasaba, yo ya estaba muy lejos y preocupado por la familia. Me fascina caminar, pero no en estas condiciones. Aunque, habituado como estoy a las caminatas, al menos no estabacansado. En una tienda un señor se ofreció a darme un ride a donde había dejado la camioneta: Sab y los niños estaban bien, le dije a Sab que si llegaba alguien a estacionarse en la placita, que pidiera que le pasaran corriente, que ahora yo iba a caminar hacia el otro lado, donde me decían que había un autozone, caminando como a unos 45 minutos. En realidad fue como a una hora. Llegué a la tienda, pedí la batería, la pagué, me dijeron que si llevaba la otra, para que me devolvieran el dinero, y dije que no, que venía de lejos caminando. La señora que pagó después de mí escuchó lo que yo acababa de decir, y me pidió que esperara, que ella me daba elride hasta donde estaba la camioneta (cargar el acumulador, en una calle de subida, cuando de bajada me llevó una hora, habría sido toda una faena). Ahora, lo que sigue es importante. La señora (Teresa, se llama) es sola, había ido a la tienda a comprar los implementos para arreglar el boiler de su casa, y me dio el aventón, cuando tenía cosas pendientes por hacer en su casa. Trabaja seis días a la semana, y estaba esperando para dedicar su día llibre a arreglar su boiler. En vez de ello, me llevó, y esperó hasta que la camioneta arrancó. ¿te imaginas? Cuando llegamos a donde estaba la familia, Sab le había pedido ayuda a un señor que había llegado al estacionamiento que si le pasaba corriente. Estaban abriendo el cofre. El señor dijo que ya que estaba allí, me ayudaba a cambiar la batería. Él venía de un partido de beisball, y tenía al equipo esperándole, pero dedicó el tiempo a ayudarnos. Asombroso: ni él ni yo teníamos en nuestra caja de herramientas la llave necesaria para cambiar la batería: estos carros nuevos son muy raros, y simplemente no se pudo, por más que lo intentamos ("todo por culpa del helado infernal", dijo Jared, que siempre tiene los comentarios más ocurrentes). Bueno, pues me pasó corriente, la camioneta arrancó, y fui de regreso a Autozone a ver qué herramienta compraba para cambiar el acumulador nuevo. Cuando fui y le expliqué al dependiente, me dice: "No necesita comprar nada: yo se la instalo", y mientras lo hace me cuenta de que su padre era mexicano, de Guanajuato, que siente gran amor por la gente de nuestro país y así, platicando, instaló con manos hábiles y rápidas el nuevo acumulador (de cualquier manera compré la extraña llavecita que se necesita para instalar un acumulador, y la puse con mucha atención en la caja de herramientas). Para ese momento el sol ya no quemaba, el atardecer estaba tibio, el cielo empezaba a tomar ese color precioso de los atardeceres en el desierto, y enfilamos, cansados pero felices, para México.

Yo creo que vivir una cultura de la desconfianza afecta al mundo entero. Estoy seguro de que hay abundante gente buena en este mundo, y que este planeta, ajá, pese a los monstruos humanos que genera la postmodernidad, todavía es un lugar hermoso para vivir, y que todavía puedes confiar en mi hermano, el hombre. Al menos eso pienso yo. ¿Qué piensas? ¿Te animas a seguir confiando en la humanidad? Por lo pronto les dejo: ya va a amanecer y el domingo siempre tiene su carga de cosas por hacer:

Óscar Pech
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass
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