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domingo, 15 de marzo de 2009

Popol Vuh y Libro de Mormón

Amigos SUD:

Este es el tipo de noticia que no le interesaría a Jorge Rojas. Alguna vez comenté algo acerca del estudio que escribí acerca de arqueología y Libro de Mormón, y dijo, con sumo desprecio que el tema, a él, no le llamaba la atención. Con los años me di cuenta de que en general todo lo que no fuera sajón le inspiraba esos sentimientos. Cada quien lo suyo: hay quien se siente atraído con fuerza por la herencia hispana, o gitana, o mozárabe que tenga. A mí me atrae como poderoso imán todo lo que tiene que ver con arqueología. Eso es lo mío: mis antepasados mayas que están muy cerca del Libro de Mormón. Alguna vez escuché a ese erudito, el hermano Nibley, decir: "Un bochito tiene tres asientos, y eso no tiene ningún simbolismo con la Trinidad: uno debe buscar Mesoamérica en el Libro de Mormón, y no al Libro de Mormón en Mesoamérica", y su comentario se me hizo muy sabio: Alguna vez Javier Padilla dijo que una cosa que debilitaba su fe en el Libro de Mormón era que uno iba al museo de Antropología y sólo veías piedras y barro. Algo de oro, pero ningún otro metal. Creo que no había leído bien el Libro de Mormón: después de Jarom, no vuelven a aparecer metales. El cemento no aparece sino hasta mediados de Alma, cuando dejan de vivir en Zarahemla y viajan hacia el norte. La ciudad de Zarahemla era de madera; las construcciones nefitas eran de madera, así lo indica Nefi y todos los que escribieron hasta mediados de Alma. Uno debe ser muy cuidadoso y fenomenológico al leer el Libro de Mormón, porque si uno llega con ideas preconcebidas, se equivoca.

¿Y el Popol Vuh? Va, en resumen. Los españoles (¿de dónde habrán sacado esa astucia?) se esforzaron por destruir todas las casas de libros (amoxcallis, o bibliotecas) que encontraban en el mundo náhuatl, porque sabían que borrando la memoria de un pueblo, serían fáciles de dominar, y destruyeron cientos de textos, bajo el pretexto de que todos los glifos contenidos en los códices eran adoración de demonios. Pero con los mayas no fue así: ellos destruían sus libros a fin de que no llegaran a manos que no los merecían, las de los hispanos. Muy pocas cosas escaparon a esa destrucción sistemática, pero la cultura no desapareció: siguió viva "underground", de manera oral, por décadas y siglos. Hasta que --no voy a aburrirlos con detalles--, el padre Fray Francisco Jiménez encuentra el Popol Vuh; algo que traducido quiere decir "el libro del consejo"; el libro de los muchos autores.

David O. Mckay dijo alguna vez que todo miembro de la iglesia debería conocer a fondo ese libro. Yo lo leí por primera vez cuando era adolescente, y las aventuras de Hunahpú e Ixbalanqué me parecieron interesantes y ya, pero conforme me adentré en la filosofía y el simbolismo prehispánicos, el libro cobraba una valor precioso para mí. Cosas que nunca enseñé a mis alumnos, sencillamente porque el libro no está al nivel de un chavo de prepa, pero basta con lo siguiente:

La relación de Hunahpú e Ixbalanqué (hermanos gemelos que son uno mismo, pero que uno muere decapitado y el otro le devuelve la vida y lo hace inmortal) es la misma de Quetzalcóatl y Ehécatl: uno es el cuerpo, otro es el viento (espíritu), pero ambos son advocaciones diferentes de un mismo ser; ambos forman una unidad, cuerpo y espíritu, que se separan, mueren, se unen para no separarse más, se tornan inmortales y ofrecen al humano esa posibilidad. Inútil decir que Quetzalcóatl, Hun Nal Ye, Kukulkán, Hunahpú e Ixbalanqué son diferentes formas de llamar a ese dios blanco y barbado que vence a los señores del mal de manera definitiva.

Hay demasiados elementos en común (y esto es muy interesante) no entre el cristianismo y el Popol Vuh, sino entre el mormonismo y el Popol Vuh. No ha faltado quien observe eso, y diga que el libro es posterior a la llegada de los españoles, que hay elementos que el mundo cristiano entretejió elementos en el relato de esos gemelos pero, ¿Qué creen? Hoy en el periódico encuentro dos ligas que vale la pena leer con calma. Se las presento:

http://mx.news.yahoo.com/s/afp/090308/entretenimiento/guatemala_arqueolog__a_1

http://www.eluniversal.com.mx/notas/582038.html

Claro, uno podría abundar en testimonios que certificaran que el Libro de Mormón es arqueológicamente correcto, pero eso no le va a dar a nadie un testimonio. El único testimonio verdadero es el del Espíritu. Si tienes a éste, lo demás te fortalece. Si no, sólo raciocinarás, y encontrarás la manera de no creer. Yo, por mi parte, sólo puedo decir esto: mientras más conozco ambas partes, la arqueología y el Libro de Mormón, más sé que éste es verdadero. Y tú también puedes saberlo, si lo lees con verdadera intención, y orando de corazón para saber del mismo. Ojalá ambas ligas te sean de interés:

Óscar Pech
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass
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