Google+ Followers

viernes, 4 de septiembre de 2009

Del arte y los espejos

En un cuarteto de su Ars poética, Borges nos dice lo siguiente:

A veces en la tarde, una cara
nos mira desde el fondo de de un espejo.
El arte debe ser como ese espejo
que nos revela nuestra propia cara. 

Pienso en que nunca será lo mismo ver las cosas de manera directa, que verlas a través de un espejo. Eso al menos en dos sentidos, y tal vez viene a cuento pensar en un mito: Perseo debe matar a Medusa. Medusa, que es una mujer hermosa, con cabellos de serpiente (dice el psicoanálisis que ella es un símbolo de la bella y destructora ira femenina) y que tiene la cualidad de volver piedra no lo que ella mira, sino a quien la mira. Perseo tiene un escudo espejado que le permite vencerla: él puede verla en el espejo sin volverse piedra, ella se ve a sí misma, y se vuelve piedra. Imagino que esto da para dos interpretaciones del mito:

1. Es significativo que el espejo sea un escudo: no falta quien indique que ello indica que la realidad no puede o debe ser vista de manera directa, sino por medio del reflejo. Esa es la  idea del cuarteto de Borges: el arte (pintura, literatura, música, etc.) nos permite ver lo que no vemos con el ojo normal: los poetas del simbolismo descubrieron eso: que el realismo fracasó porque la realidad no puede ser encapsulada, sino sólo expresada a través de sugerencias sensoriales, que es más o menos lo que sucede con la pintura impresionista, 
que se centra en los efectos que produce la luz natural sobre los objetos y no en la representación exacta de sus formas: el mito de Perseo y Medusa, entonces, nos remite a esa posibilidad del arte de percibir la realidad sin describirla o reproducirla en su perfección: imagino que estaremos de acuerdo en que leer a los autores del realismo con sus minuciosas descripciones que "retratan" la realidad suele ser una experiencia tan tediosa, que terminamos como si contempláramos als hermosas mejillas de Medusa.

2. El otro aspecto del mito nos remite a... ¿qué? ¿A que una mujer no puede percibir su propia ira porque se destruye a sí misma? ¿Del increíble poder autodestructivo de la ira femenina? No lo sé. Lo cierto es que en la vida real llega el momento en que el espejo se vuelve un objeto incómodo: yo siempre me supe un hombre feo: Ahora me miro reflejado como un hombre feo y viejo, y que, bien mirado, acaso esta es la edad que mejor nos conviene a quienes nunca fuimos atractivos: mi mamá grande se sentía tan irritada por los espejos, que terminó por abolirlos en su casa y todos terminaron desterrados: es muy desagradable mirar un rostro que ya no se parece a quien fue uno. Acaso lo único que perdura de uno, lo único que todavía me gusta de mí mismo, es mi mirada, que pese a los años sigue siendo limpia y, quiero creer, inteligente.





Pero por otra parte, dejando de lado todo lo que he escrito hoy, están las palabras de Pablo, que acaso eliminan todo lo dicho anteriormente: 
"Mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará.
 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido". (1 Corintios 13: 10-12). Esta vida no es sino sólo eso: una apariencia que nos impide conocer los arquetipos que alcanzó a intuír Platón. Somos niños que juzgamos como niños, y vemos las cosas a través de espejos: más allá del velo de la muerte se abrirán nuestros ojos, recordaremos la existencia premortal, y veremos las cosas como en realidad son: recordaremos quiénes fuimos antes de nacer, y conoceremos como fuimos conocidos.

Sea una cosa u otra, uno puede pensar en lo que fue en la juventud caminar por Reforma o Madero, y ver la ciudad reflejada en edificios de acero y cristal: ello me llevó a disfrutar de la belleza de estos espejos, que me enseñaron a mirar y a mirarme de una manera diferente y arrobadoramente estética:




Óscar Pech
 
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass
Publicar un comentario