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viernes, 2 de octubre de 2009

El peso de un amigo (Soneto 30 de Shakespeare)

Hace tiempo una persona presentaba  un amigo a un amigo. Dijo: "Él es (fulanito), mi verdadero ángel de la guardia". Y escuchar una presentación de ese calibre hace que uno piense que se trata de una hipérbole o una mera generalización de mal gusto, pero el énfasis en la voz me hizo sentir que no era así. Más bien, tengo la fuerte impresión de que con sus propios actos cada persona se va ganando un lugar en la vida de los demás. El mejor de los amigos, si no nutre la amistad, ocupa el lugar que él mismo se ha preparado, y se vuelve sólo una cara conocida en los pasillos de la escuela, pero ya no alguien a quien uno acudiría en caso de necesitar ayuda, porque cuando alguien no nutre la amistad poco a poco pierde la confianza. 



Alguien, de cuyo nombre no puedo acordarme, dijo que las amistades se pierden por buscarlos mucho y por buscarlos poco. Y acaso sea cierto: el mejor de los amigos es como tu helado favorito: alguien puede comerse un cono doble, pero nadie tolera una porción de dos galones, como nadie aguanta indefinidamente la promesa de un cono que, a la larga, uno se da cuenta que nunca llegará. Si hay un buen deseo que yo pudiera albergar para el lector es que siempre pueda tener y retener (e, incluso, re-tener) siempre a sus amigos a su lado. Ignoro si en realidad alguien puede vivir esta vida sin amor, pero sé que no se puede vivir sin amigos, como sé que los amigos que tienes influirán profundamente en tu manera de ser, porque habrá un momento en que la palabra de tus amigos que la de tus padres. Como dijo Shakespeare en su famoso Soneto 30:



When to the sessions of sweet silent thought
I summon up remembrance of things past,
I sigh the lack of many a thing I sought,
And with old woes new wail my dear time's waste:
Then can I drown an eye, unused to flow,
For precious friends hid in death's dateless night,
And weep afresh love's long since cancell'd woe,
And moan the expense of many a vanish'd sight:
Then can I grieve at grievances foregone,
And heavily from woe to woe tell o'er
The sad account of fore-bemoanèd moan,
Which I new pay as if not paid before.
But if the while I think on thee, dear friend,
All losses are restored and sorrows end.





Cuando en las dulces sesiones de silencioso pensamiento
convoco memorias de cosas pasadas
suspiro al recordar tantas cosas anheladas
y con viejos dolores lamento el desperdicio de mi tiempo querido:
Entonces se inunda mi ojo, no habituado a fluir
por los valiosos amigos escondidos en la noche sin tiempo de la muerte.
Y lloro nuevamente la herida de un cariño hace tiempo olvidadas
y lloro la pérdida de tantos sueños desvanecidos
Entonces puedo lamentarme ante infortunios ahora lejanos
y pesadamente, de dolor en dolor, vuelvo a contar
la triste cuenta de ya lamentados lamentos,
los cuales pago nuevamente, como si no los hubiera pagado antes.

Pero si, mientras tanto, pienso en ti, querido amigo,

todas las pérdidas son restituidas y el dolor desaparece.


Que siempre puedan tener a su lado amigos genuinos, verdaderos ángeles de la guarda que no se duermen:

Óscar Pech
 
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass


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