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jueves, 5 de noviembre de 2009

Triángulos amorosos

Claro, pensaba yo el otro día: la mera verdad, a Dante le fue muy bien con la muerte de Beatriz. La muerte, la distancia, el tiempo te dan la enorme ventaja de la imaginación, la idealización, el retoque fotográfico de los errores que se ven en la convivencia cotidiana. Si las cosas hubieran sido diferentes, si Dante y Beatriz se hubieran casado, no habría exisitido un deseo insatisfecho que le inspirara a algo más. Habrian erminado como tantos matrimonios en donde el pasado objeto de deseo se vuelve el antagonista por excelencia. 

¿Qué ves en muchos matrimonios? que la pequeñez de ambos hace de su mundo algo insoportable. Beatriz habría terminado deseando un objeto (un frívolo BMW mientras su país se hundía en la crisis, por ejemplo), para llenar la vacuidad de su vida; habría terminado asistiendo a cuanto evento "cultural" pudiera, para tratar de llenar el vacío de una absoluta falta de cultura, porque la pobre no era ni siquiera para leer y Dante, abrumado por un mundo carente de idealizaciones, habría terminado dedicándose a la politica, o a los negocios, tener un jardín bonito, o a hacerle la vida pesada a Beatriz. Bien mirado, cuán conveniente es la muerte, la distancia, el tiempo: es un excelente combustible para la creación artística, me parece. Me dice mi madre: "A veces extraño a tu padre, pero en cuanto me acuerdo de todas las que me hizo, de inmediato dejo de extrañarlo". La distancia nos permite mantener a las personas con una chapa de oro que parece muy fina que es invisible para quienes nos tratan de manera cotidiana y ven nuestro mal carácter, nuestra grasa, lo aburridos y sosos que somos. 

No en balde dijo Alfredo Le Pera:

Yo adivino el parpadeo
de las luces que a lo lejos
van marcando mi retorno.

Son las mismas que alumbraron
con sus pálidos reflejos
hondas horas de dolar.

Y aunque no quise regreso,
siempre se vuelve al primer amor.

La quieta calle, donde un eco dijo:
"Tuya es su vida, tuyo es su querer",

bajo el burlón mirar de las estrellas
que con indiferencia hoy me ven volver...

 Volver
con la frente marchita,
las nieves del tiempo
platearon mi sien...

Sentir
que es un soplo la vida
que veinte años no es nada,
que febril la mirada
errante en la sombra
te busca y te nombra...

Vivir
con el alma aferrada
a un dulce recuerdo
que lloro otra vez.

Tengo miedo del encuentro
con el pasado que vuelve
a enfrentarse con mi vida;

tengo miedo de las noches
que, pobladas de recuerdos,
encadenen mi soñar...

¡Pero el viajero que huye
tarde o temprano detiene su andar!

Y aunque el olvido, que todo destruye,
haya matado mi vieja ilusión,

guardo escondida una esperanza humilde
que es toda la fortuna de mi corazón


Yo, por lo pronto, sigo sin encontrar mucho qué escribir o, mejor dicho, ya estoy en el capítulo 10. Ya sólo me falta uno, y en ello trabajo con todas mis fuerzas:

Óscar Pech
 
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass

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