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lunes, 8 de marzo de 2010

El problema

Llegó a mi correo una presentación en PowerPoint, muy bellamente realizada (y, por lo mismo, con una engañosa apariencia de verdad) que decía lo siguiente:

Cuenta la leyenda que en un monasterio budista ubicado en una ladera casi inaccesible de las frías y escarpadas montañas del Himalaya, un buen día uno de los monjes guardianes amaneció sin vida.
Le hicieron los rituales tibetanos propios para esas ocasiones, llenos de profundo respeto y misticismo.
Sin embargo, era preciso que algún otro monje asumiera las funciones del puesto vacante del Guardián. Debía encontrarse al monje adecuado para llevarlas a cabo.
El Gran Maestro convocó a todos los discípulos del monasterio para determinar quién ocuparía el honroso puesto del Guardián.
El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, colocó una magnífica mesita en el centro de la enorme sala en la que estaban reunidos y encima de ésta, colocó un exquisito jarrón de porcelana, y en él, una rosa amarilla de extraordinaria belleza y dijo:

-"He aquí el problema".
-"Asumirá el puesto de Honorable Guardián de nuestro monasterio el primer monje que lo resuelva".

Todos quedaron asombrados mirando aquella escena: un jarrón de gran valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro.
Los monjes se quedaron como petrificados, en el más respetuoso silencio, hundidos en sus interrogantes internos...
¿Qué representaría ese bello jarrón con flores?
¿Qué hacer con él?
¿Cuál podría ser el enigma encerrado en tan delicada belleza?
¿Simbolizaría acaso las tentaciones del mundo?
¿Podría ser algo tan simple como que necesitara agua la flor?
Eran tantas preguntas...

En un momento determinado, uno de los discípulos sacó una espada, miró al Gran Maestro y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y... Zas !! destruyó todo de un sólo golpe.

Tan pronto el discípulo volvió a su lugar, el Gran Maestro dijo:
"Alguien se ha atrevido no sólo a dar solución al problema, sino a eliminarlo. Honremos a nuestro nuevo Guardián del Monasterio".

En realidad, poco importa cuál sea el problema.
Hay problemas cuyo aspecto nos confunde, pues halaga los sentidos. En el fondo, sigue siendo un problema.
Si es un problema, es exactamente eso: un problema, y precisa ser eliminado.
No importa que se trate de una mujer sensacional, o de un hombre maravilloso o de un gran amor que se ha esfumado; por más hermoso que haya sido la experiencia que has vivido o lo significativa que haya sido la persona con quien has estado, si no existe más sentido para ello en tu vida, tiene que ser eliminado.

Muchas personas cargan la vida entera el peso de cosas que fueron importantes en su pasado y que hoy solamente ocupan un espacio inútil en sus mentes, espacio que es indispensable para recrear la vida.

Un antiguo proverbio chino dice:
"Para que puedas beber vino en una copa que se encuentra llena de té, es necesario primero tirar el té, y entonces podrás servir y beber el vino".

Limpia tu vida, comienza por los cajones, armarios.. hasta llegar a las personas del pasado que no tiene más sentido que sigan ocupando un espacio en tu mente.

Exígete a ti mismo lo que te gustaría exigirles a los demás y... a los demás, déjalos tranquilos sin esperar NADA de ellos.
Así ahorrarás disgustos !!

Tengo aquí, a mi lado, un DVD que se llama Defending Your Life, una comedia ligera sobre un hombre que muere de manera absurda y debe ir al tribunal después de la vida para que se decida la manera en que debe reencarnar. Si avanza a una forma superior, o si debe hacerlo en una forma inferior, es decir, en la misma vida que había tenido. La película es muy divertida porque te ayuda a reírte de tu propia vida. La vida inferior es la tuya, la mía. En la película el problema, contrario a lo que uno se imaginaría, no se trata de si uno vivió para el bien o la maldad, sino si uno vivió con temor o con valor. Eso es lo que determinará a dónde va uno.

Cada civilización tiene diferentes perspectivas de la vida y la muerte. Entre los aztecas, como entre los vikingos, importaba cómo moría uno. Si un hombre moría en la batalla, si una mujer moría dando a luz, le iba mejor que si uno moría de borracho, y le iba mejor si moría de borracho, que si moría de enfermedad en su cama. No importaba el bien o el mal, sino la manera de morir y, lo importante de esto, es que lo que sucede en una cultura, suele ser incomprensible para otra.

Quien visita Chichen Itzá, ciudad construida por mis ancestros, se asombra de ver que los grabados del juego de pelota parecen indicar que en el juego de pelota se sacrificaba por decapitación a quien ganaba. Suena absurdo que alguien le echara ganas para morir, que eso fuera una honra, pero bueno, al parecer las cosas eran así para los mayas. El gran error de Karl Marx, el que hace rodar por los suelos todo el materialismo, es que nunca le dio absolutamente ningún peso al valor de la ideología en las acciones del género humano. Para él todo era interés material, casi siempre económico, y no se dio cuenta de que la gente, así de simple, por pura superstición, hacía cosas fuera no ya del interés económico, sino fuera de toda lógica.

Al punto que voy es que en la presentación adjunta viene de toda una filosofía que no es la nuestra. Al final se le trató de dar un matiz occidental para que embone con nuestras creencias, ideas, modelos de pensar, pero originalmente no es así. Para entenderla, hay que entender la filosofía del lejano oriente. Dicen que todo el Budismo Zen se puede resumir en la siguiente parábola: dos discípulos discuten frente a un cañón, acompañando a su maestro, que reflexiona. Uno dice que el eco está en la montaña. El otro dice que no, que el eco está en la voz que es emitida. Ambos dan argumentos de peso y no llegan a ningún acuerdo. Finalmente interrumpen al maestro para pedirle su punto de vista, para que les diga quién tiene la razón. El maestro responde "El eco está en tu mente", y sigue filosofando. Todo el budismo está allí: todo lo que te rodea es sólo un espejismo. La meta es lograr despegarte de todo, que no te importe nada, para poder avanzar en la siguiente vida. La meta es, claramente, romper el jarrón con la rosa. La rosa (acaso no salga sobrando recordar el soneto XXIII de Garcilaso de la Vega; acaso no huelgue recordar que la rosa que está en el jarrón es un símbolo de la mujer), perfumada, tersa y hermosa, como es, es sólo un espejismo y que quien es guardián de sí mismo debe romper con ello, porque es una atadura del progreso. Tal vez para un budista la idea sea muy reveladora y muy válida. Para mí, no. Yo prefiero pensar en José Martí, que dijo:

He visto vivir a un hombre
Con el puñal al costado,
Sin decir jamás el nombre
De aquella que lo ha matado.

Ella lo mata. Él sigue viviendo, habiendo perdido la vida, siempre con ese puñal clavado al costado, y jamás dice el nombre de ella. Ese es su secreto. Es algo con lo que uno vive, siempre, en una herida constante que nunca cierra. Y no es una tragedia, es vivir de tal manera que "aunque no quise el regreso, siempre se vuelve al primer amor".

Uno puede y debe sobreponerse al duelo, pero ¿Tirar el pasado a la basura? El pasado es lo que hace que uno sea uno, creo. Las experiencias que uno ha vivido son las que van conformando el carácter y la personalidad de uno.

¿Qué dices? ¿Rompes tu jarrón o buscas otra solución para el problema? Yo prefiero seguir indagando, buscando otra solución, y al imbécil que me rompa el jarrón, lo corro del monasterio. Y tú, ¿Qué opinas?

Óscar Pech Lara
 
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass
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