Google+ Followers

domingo, 4 de abril de 2010

¿Quién soy yo?


Permítanme iniciar con el pie izquierdo.
Una de las inscripciones  más antiguas del pensamiento griego es gnosti te autvn (es decir, nosce te ipsum, es decir, conócete a ti mismo). Y la frase ha ido rebotando de tiempo en tiempo y de vez en vez por diferentes pensadores, me imagino que con la certeza de que saber quién es uno hace que uno encuentre su lugar en la existencia, en el mundo, en el universo. Saber quién es uno casi es el principal punto de referencia que podemos tener para navegar por esta vida, ¿no?

Alguna vez alguien dijo y se me quedó grabado, aunque no sé si es cierto o no, que parece que el origen del adagio de conocerse a uno mismo es una especie de invitación a reconocerse mortal y no dios. Quién sabe: ya ven que Calígula entra al templo de Júpiter, de un espadazo le vuela la cabeza a su dios y le dice "muéstrame tu poder o teme el mío". Cuando el orgullo se sale de cauce el hombre es capaz de lo que quieras. El caso es que de era en era cada filósofo le da una interpretación diferente a eso de conocerse a uno mismo:  Erasmo de Rotterdam dirá que es el inicio del filosofar en cuanto lleva a la conciencia humilde de “saber que no sabe nada”, como dijo Sócrates, y don Miguel Padilla dirá: "Yo sólo sé que no sé nada, pero sé más que todos ustedes juntos".
El problema es que en esto no hay puntos de referencia. Alguien me decía la semana pasada: "Oye Óscar, como ya has malgastado muchos años de tu vida siendo un don nadie, nada más ayudando a tus semejantes, ¿no?". Y bueno, para esta persona, con una MBA y una residencia impresionante sí, no he llegado al punto del "despegue"; he estado desperdiciando mi capacidad de lograr posiciones materiales en la vida. Pero también la semana pasada alguien me dijo que no podía explicarse cómo es que yo puedo estar insatisfecho con mi existencia: tengo lo que millones de personas quisieran tener (toda mi vida laboral trabajando para una misma empresa, sin brincar de un trabajo a otro, sin ir más lejos). Eso del conocerse, medirse, evaluarse a uno mismo puede ser sumamente subjetivo y hay quien se subestima por de fault y hay quien parece comprar la autoestima en cantidades industriales: Al final uno puede perderse en un montón de situaciones, limitaciones, expectativas no resueltas todo en lucha dentro de uno, o bien, en una serie de circunstancias, ideologías, parangones y exigencias externas. 

Si pudiéramos reunir aquí a cuatro pensadores aquí y les preguntáramos qué es el hombre, digamos Marx, Freud, Nietzsche y Darwin, encontraríamos respuestas muy diferentes, pese a que los cuatro parten de premisas semejantes: Los cuatro prescinden de Dios, y los cuatro apoyan su visión del hombre en algún aspecto negativo, muy lejano al amor y también coinciden en que sus teorías parecen aplicarse a la perfección a mi vecino de enfrente:Karl Marx dice que el hombre actúa movido sólo por intereses económicos. La alineación económica explica todo lo demás. Sigmund Freud hace lo mismo con la líbido sexual, y con ella pretende explicar todo. Nietzsche es más complejo, pero también tiene una clave para explicar todo, y es la voluntad de poder del hombre. Darwin dice que quien sobrevive es el más fuerte; que hay una especie de selección natural. Pero si eso es cierto, ¿entonces cada vez hay más pobres en vez de extinguirse? ¿Está mi vecino de enfrente en peligro de extinción y no me dado cuenta? Si es así, debo dejar de escribir este correo e ir a despedirme de él. Mañana lunes seguiré entonces escribiendo. 

Una vez más: sin puntos de referencia, uno puede discutir por horas, generaciones, siglos, sin llegar a ningún acuerdo. Hablar de quién es el hombre, como dije al principio, desde esta perspectiva, es iniciar con el pie izquierdo, y el hombre es sólo impulsos, intereses, un mero animal que trata de sobrevivir y, por lo mismo, puede prescindir de la moral. Ahora vayamos al pie derecho. 

Una de las delicias más grandes de leer los ocho capítulos de El libro de Moisés, es enterarse de aquellas partes que tenía originalmente la Biblia, y que perdió de una manera o de otra a lo largo de los siglos. Por ejemplo, lo que es Génesis 4: 1-24 (Caín mata a Abel y Lamec dice que será vengado setenta veces siete) es Moisés 5: 16-59, donde vemos con mucho más detalle qué es lo que está sucediendo, y el contexto de por qué se dijo lo que se dijo.

De igual manera: El capítulo 1 de Moisés es lo que debería de ser el capítulo 1 del Génesis, que la Biblia, tal como la conocemos, ha perdido. Acaso lo más importante de ese capítulo es que nos deja ver dos grandes realidades: 1. Cuál es la obra y la gloria de Dios. 2. Que cinco veces el padre habla a Moisés llamándolo "Hijo mío". Ese simple conocimiento cambia por completo nuestra perspectiva de quiénes somos. Cuando uno se da cuenta de que es un hijo de Dios, las cosas cambian por completo. Uno tiene una referencia inamovible.

Todos necesitamos puntos de referencia, o a la larga todo se vuelve relativo. Existe la posibilidad de que haya alguien entre los lectores que levante la mano, ofendido, para decir que no cree en Dios, y que tener tal creencia es retrógrado o algo semejante. Para ese tipo de persona es necesario ir al principio de esta carta, a lo que llamo el pie izquierdo, y puede gastar toda su existencia buscando quién es él, hasta que le encuentre el gusto a buscar, no a encontrar, o bien, hasta que encuentre algún equilibrio más o menos cómodo en su existencia.

Pero lo cierto es que saber que eres un hijo de Dios implica fe. Y la fe no te da una búsqueda: te da una certeza. Somos hijos de Dios. Me encanta cómo lo dijo Pablo en Romanos 8: 16-17: "Porque el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamentecon él seamos glorificados." Me encanta eso: si tratas de sentirlo, el Espíritu te hará sentir que eres un hijo de Dios ¿Quién soy yo? Soy un hijo de Dios, y si de veras trabajo duro, puedo ser no sólo un heredero en la eternidad de todo lo que Dios tiene, sino también un coheredero con Cristo, vaya, no heredar ni más ni menos que Él, si es que a mi nivel vivo a Su altura. Vaya: si Él, por decir algo, es 100, e hizo un sacrificio de 100, y yo soy 15, entonces debo hacer un sacrificio de 15. 

Si soy un hijo de Dios, las posibilildades de lo que puedo llegar a ser son simplemente infinitas, lo cual me lleva a estas ligas que me compartió Chely Palafox, y que vale la pena dedicarle el tiempo para verlas:


Y luego la segunda parte:


¿Somos orugas? Y, bueno, por decirlo así, sí. Para los nahuas prehispánicos la mariposa era un símbolo de que el cuerpo moría como una oruga, pero resucitaba como un ser glorioso. La mariposa celestial, o mariposa de fuego era algo a lo que se anhelaba. Por eso los atlantes de Tula tienen una mariposa por escudo en su pecho. Muy linda la idea, ¿no? Los guerreros llevan en su pecho una mariposa, porque anhelan eso: una muerte digna y una resurrección gloriosa. Veo el video de arriba, y pienso: somos lo que somos, pese a nuestras limitaciones, nuestras incapacidades, nuestros defectos, porque en realidad somos lo que nuestro ser irradia; lo que guardamos en nuestro interior. Hará unos seis meses Barbara Thompson, hablando a las mujeres ("¡Cuidado con la brecha!", en Liahona, noviembre de 2009, p. 118), dijo: 

"Quiero mencionar algunas brechas que veo en mí misma o en la vida de otras personas. Hoy me referiré a las siguientes:
Primero, la brecha que hay entre creer que son hijas de Dios y saber, de corazón y de alma, que cada una de ustedes es una valiosa y amada hija de Dios...
"Tercero, la brecha que hay entre creer en Jesucristo y ser valiente en el testimonio del Jesucristo...

"Algunos han dicho cosas como éstas: “Ah, si Dios me amara de verdad, no habría dejado que mi niño contrajera esta enfermedad”. “Si Dios me amara, me ayudaría a encontrar un hombre digno con quien casarme y sellarme en el santo templo”. “Si Dios me amara, nos daría bastante dinero para comprar una casa para nuestra familia”. O “He pecado, así que no es posible que Dios todavía me ame”.

"Es lamentable que oigamos tan a menudo ese tipo de expresiones. Es preciso que sepan que nada las “podrá separar del amor” de Cristo. Las Escrituras dicen claramente que ni la tribulación ni la angustia ni la persecución ni potestades ni ninguna cosa creada puede separarnos del amor de Dios.
"Nuestro Padre Celestial nos ama tanto que envió a Su Hijo Unigénito para expiar nuestros pecados. El Salvador no sólo sufrió por cada uno de esos pecados, sino que también padeció todo dolor, pesar, molestia, soledad y tristeza que cualquiera de nosotras pueda tener que pasar. ¿No es eso un amor extraordinario? El presidente Henry B. Eyring ha dicho: 'El Espíritu Santo es quien testifica la realidad de la existencia de Dios y nos permite sentir el gozo de Su amor'.
"Debemos aceptar Su amor, amarnos a nosotras mismas y amar a los demás..." 
Sé que lo que sigue puede sonar muy fuera de lugar, pero bueno: pienso en El rey león, de Disney (quién iba a decir que alguna vez yo iba a citar a Disney), en este breve fragmento: 
Y cuando simba le dice a Mufasa que no lo abandone, él responde a esa peticieón diciéndole simplemente: "recuerda quién eres". Una vez más: ¿Quién eres? ¿Quién soy? Soy un hijo de Dios, hecho a Su imagen, conforme a Su semejanza y si esto es verdad, entnces se equivocaron Freud, Marx, Darwin, Nietzche, y por lo mismo me puedo levantar a alturas que, quien cree en ellos, nunca alcanzará.

Creo que esta carta ya es demasiado larga, la verdad es que ya me caigo de sueño. Lo que me importaba era sólo decir eso: marcar que no basta con creer que somos hijos de Dios, sino sentirlo. Cuando lo sientes es cuando te vuelves invencible ante las adversidades cotidianas. Es algo que no se mide, pero está allí. No se pesa, le puedes sacr el área o el perímetro, pero es una coraza increíble en medio de toda la maldad que nos rodea. Acaso por ello vale la pena terminar con una cita más, y luego buscar ir a dormir un rato, que ya va a amanecer. Italo Calvino en Las ciudades Invisibles, (Minotauro, 1982, p. 94) nos da este diálogo entre Marco Polo y Kublai Kan: 

Marco Polo describe un puente, piedra por piedra.
     --¿Pero cuál es la piedra que sostiene el puente? --Pregunta Kublai Kan.
     --El puente no está sostenido por esta o aquella piedra --responde Marco--, sino por las líneas del arco que ellas forman.
    Kublai permanece silencioso, reflexionando. Después añade:
     --¿Por qué me hablas de las piedras? Es sólo el arco lo que me importa.
     Polo responde: --Sin piedras no hay arco.

Que nunca te abandone esa certeza, de ser un hijo de Dios, y que siempre puedas recordar quién eres:


Óscar Pech Lara
 
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass
Publicar un comentario