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miércoles, 12 de mayo de 2010

Ligereza y pesadez (el artista, el arte y la realidad)

Tiene rato que pienso mucho en la relación entre el arte, la realidad y la manera en que vemos la vida. En la manera en que el artista trata de retratar la realidad o interactuar con la misma. Y a manera de prólogo acaso valga la pena hacer un breve repaso histórico.

  • Pienso, primero, en el arte medieval. En el tan mal entendido arte medieval, donde todo era religioso porque la vida se entendía a través de la religión católica. Ignoro si el arte era utilitario; si se trataba de un instrumento de dominación, o si era que en realidad era eso lo que la gente quería; si era parte del espíritu de la época, llena de miedos y supersticiones, pero si el arte es espejo de la vida, habría que ir a Bajtin, y ver que había un arte elevado, sacro y, por debajo del agua, otro, popular, carnavalesco, sensual, oculto, hedónico: el de los poetas goliardos, por poner un ejemplo. Lo cierto es que un arte que no contempla al ser humano, o donde el aspecto humano tiene que ser expresado invertido, desacralizado, mostrado siempre a escondidas, no es un arte que exprese, sirva o comunique plenamente.
  • Luego viene el arte del Renacimiento. Mucho se habla del cambio al antropocentrismo, pero quien ve la pintura del renacimiento sabe que el arte no es antropocéntrico. No lo es. El arte sigue siendo en buena medida religioso en parte porque el mercado así lo pide, y en parte porque el artista sigue siendo un hombre religioso, pero al menos en la pintura aparece un elemento nuevo: la perspectiva, que implica eso: el hombre que ve desde un determinado punto de vista. El simple nombre histórico, Renacimiento, implica una perspectiva temporal que, creo, no se tenía antes: ellos hacen renacer la cultura grecorromana y lo que queda entre ellos y sus fuentes es sólo un gap, una Edad Media. Y como todo renacer implica un entusiasmo, un optimismo en el futuro. Y nada, que no hay tal: parecería que el arte no es precisamente la entrada para la felicidad. Cervantes se da cuenta de eso, y en la segunda parte del Quijote a éste se rompe una media y el Quijote queda enclaustrado, porque puede ser loco, pero no puede ser caballero si uno anda roto: la realidad económica se impone por encima de los ideales de caballería. El pesimismo de finales del renacimiento nos muestra que el hombre como centro del universo no fue la salida adecuada, así que ese centrarse en el hombre se va volviendo lleno de claroscuros y poco a poco, casi sin darnos cuenta, pasamos al barroco.
  • Un aspecto esencial del Barroco es que busca al arte per sé: la realidad llega a ser sólo un pretexto para producir algo estético: el culteranismo y el conceptismo son oscuros porque importa la contraposición de luces y sombras. Uno ve las pinturas de Rembrandt y casi siempre piensa en función de manejo de luces, de contraposiciones, pero de todo esto una cosa va quedando clara: se da un hiperrealismo cada vez más marcado, que nos lleva a la picaresca española, a los Sueños de Quevedo. Un hiperrealismo que no retrata la realidad, sino que apunta hacia la nostalgia de lo que la realidad debería de ser: un hiperrealismo moralista, si se quiere.
  • ¿Y luego? ¿Cómo se inicia el Siglo de las Luces? No me acuerdo. Es más: en este momento no tengo claro si se nota una continua contraposición entre el acercamiento a lo real y la deformación de la realidad, o la evasión de la misma, o la sobre estilización, o incluso la búsqueda de vías alternas como un medio para enfrentar la realidad, pero a final de cuentas esa es la idea del clasicismo y el neoclasicismo de los siglos XVII y XVIII: el arte como un medio para dominar o moldear la realidad por medio del intelecto. El conocimiento, la razón, la instrucción, pueden modelar la realidad, y entonces el arte se vuelve sólo un medio para promover dicho conocimiento o cambio: el arte se vuelve sólo una especie de medio para educar. El lema de la época era algo así como Castigat ridendo mores, es decir, “corrige las costumbres riendo”. Se trata, como todos nosotros sabemos, de educar divirtiendo. Y sí, a las ideas de esa época le debemos la independencia de todo el continente americano. Pero igualdad, al menos de tipo económica, no hubo. Y precisamente junto a esto la humanidad entra a una nueva época: la de la Revolución Industrial. La máquina rompe un equilibrio social y la tierra se llena de proletariado, desempleo, hambre. Cada vez más, hay menos ricos que son cada vez más ricos, y cada vez hay más pobres que son mucho más pobres.
  • Y también a esto responde el arte: surge el Romanticismo, donde el artista trata de evadir la realidad. Es la época de las grandes novelas de aventuras: mucho de la niña que raptan los gitanos y que es en realidad una princesa... es decir, que hay un mensaje allí para el público: si hay gente del proletariado que pueden ser nobles, entonces yo, que soy del proletariado, con un poco de suerte también soy de origen noble.El arte que se escribe para gusto del público, el arte como mercancía, sí, pero también el arte como fuga. Vemos los antecedentes del Best Seller. Y algo más: el público, al ver tanto sufrimiento, se conduele de los personajes y aprende a sentir compasión de sí mismo. Antes del romanticismo no existía eso: el romanticismo dejó la pésima secuela de la autocompasión.
  • Y entonces, a mediados del S. XIX surge el realismo y el naturalismo, que tratan de retratar la realidad. Aquí es donde me acerco al tema de lo que quiero decir. Los autores del realismo tratan de retratar las cosas como son, pero no lo logran: describir la realidad sólo la hace más pesada: es asombroso cómo describir una habitación puede llevar cinco páginas y, mientras más detalles nos da el autor, más difícil es imaginar lo que nos describe. Una de las cosas que aprendemos del realismo es que la peor manera de plasmar la realidad es tratar de describirla.
  • Entonces surge el simbolismo, (en la pintura se le conocerá como el , yo estaba en Impresionismo), que trata de mostrar la realidad pero, en vez de mostrarla tal cual, sólo la sugiere. Parte del hecho de que todos hablamos el mismo idioma, y entonces no hay que describir exactamente cómo es una silla. Yo digo "silla", y ya tienes la silla en la mente. Yo digo: "perdido una noche en una ciudad extraña", y puedo dar por sentado que tú has pasado por algo así, y nos comunicamos. La realidad no se describe, se sugiere a pincelazos y con eso basta. La realidad no se idealiza,  ni se describe, ni se deforma, ni se modifica: sólo se comunica. Para mi gusto la poesía del simbolismo es lo mejor que pudo haber en el arte, pero toda moda pasa de ídem:
  • Vienen una serie de movimientos, llamados Vanguardias, y que tratan de oponerse a la realidad de principios del S. XX. No la aceptaban, no querían volver al pasado, y estos jóvenes ni siquiera tenían capacidad propositiva, así que esos movimientos son más bien como una reacción. Corríjanme si me equivoco: ¿eran los antecedentes del movimiento "punk"? (Tal vez, por qué no; en 1975 yo estaba en 1o de secundaria, alguien en el grupo llevó un recorte de periódico donde se veía un grupo de jóvenes ingleses que tenían los pelos parados, su ropa llena de alfileres, para que se pinchara quien se acercara demasiado, y yo no creía que pudiera existir algo así: era algo demasiado diferente a lo que había visto en toda mi vida: ya en mi primera infancia había visto a los hippies, y creía que lo había visto todo).
  • Me brinco todo el resto del S. XX porque esto se está alargando demasiado: de repente estamos en la postmodernidad y en el S. XXI. Para el mundo en general se han acabado todos los mitos. No hay modelos que funcionen. Algo que ha sido dicho utilizando una frase de Shakespeare en La tempestad, IV, I: "Todo lo que es sólido se desvanece en el aire". Y de eso quiero hablar hoy. Todo lo de arriba es sólo para llegar a esta frase que describe tan bien a nuestros días, y por lo que compartí ese vídeo:

Todo lo que es sólido se desvanece en el aire.


Ya el viejo Carlitos Marx, en el Manifiesto comunista, p. 43, había enunciado que "todo lo estamental y estable se evapora, todo lo consagrado se desacraliza, y los hombres se ven finalmente obligados a contemplar con ojos desapasionados su posición frente a la vida, sus relaciones mutuas", pero en nuestros días Marshall Berman, escribe como título de su libro (uno de esos libros que todos citan sin haber leído): Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad, y que tiene que ver con nuestros días. No se trata sólo de una inversión de valores, donde, como dice en Isaías 5:20 "¡Ay de los que a lo malo llaman bueno, y a lo bueno, malo; que hacen de la luz tinieblas y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!" Y con este largo prólogo, con este fárrago indigesto de ideas que funcionan como un repaso de la relación entre el arte, el artista y la sociedad, termino esta entrada, para después decir, ahora sí, lo que quería decir acerca de este tema:


Óscar Pech Lara
 
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass

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