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domingo, 11 de julio de 2010

La aburridora contraataca: Relligión y arqueología.


Tú puedes o no puedes creer en las enseñanzas de Buda, Mahoma o Cristo, pero no puedes dudar de su existencia física. Vaya, puedes, pero es como dudar que existe la torre Eiffel, la isla de Cuba o el amor por los hijos. Son cosas que están fuera de toda duda para la gente racional. Y todavía un poquito más: puedes no creer en la doctrina de Buda, pero quien se adentra en sus ideas, no puede poner en duda que fue un iluminado, creas o no en sus palabras. Es decir, que hay cosas que están fuera de toda discusión. El ignorante puede ponerse a reclamar, pero mientras más alto hable sólo demostrará eso, su ignorancia. Es como dice el relato: un grupo de jovencitas visita un museo en Londres. Critican los cuadros, se burlan de las exposiciones, menosprecian lo que ven, hasta que se acerca una de las encargadas del museo y les dice: “Quien está a prueba no es el museo: son ustedes”.


Algo semejante pasa con El libro de Mormón: Cualquiera puede no tener fe en lo que dice ser, un registro de revelaciones dadas por Dios a profetas habitantes de la América precolombina; cualquiera puede descreer de su doctrina pero, curiosamente, quien pone los pies firmes en la tierra, no puede poner en duda que el libro es algo que no dice ser, pero que sí es: la traducción de un texto mesoamericano, escrito por descendientes de la Casa de Israel.

Invito al lector a hacer un ejercicio de imaginación: vamos a suponer que no fue escrito por profetas antiguos en este continente. Entonces sólo quedan muy pocas opciones para explicar la solidez de este volumen: tienes a un jovencito de unos 21 años, que no terminó la primaria, que escribe un libro que abarca la historia de dos civilizaciones, con perfecta congruencia histórica, geográfica y cultural, sin una sola contradicción. Aquí alguien puede levantar la mano o la voz y declarar que hay jóvenes llenos de imaginación, brillantes y creativos. Supongamos que sí, que no es suponer poca cosa. Entonces podemos pasar a la siguiente etapa: este joven sin instrucción tiene que crear un libro tan extraordinario, que coincide con los últimos descubrimientos de lo que en esa época (1819) se sabía acerca de la cultura egipcia y hebrea. Entonces esa misma persona (o alguna otra) levanta la mano y dice que pudo haber quien tuviera dicho conocimiento y asesorara a este joven. Alguien como Sidney Rigdon u Oliver Cowdery. Y forzando las cosas, uno podría llegar a acceder a eso. Salvo que hay todavía más: el libro tiene qué coincidir no sólo con lo que en el futuro se descubra acerca de la vida y civilización del antiguo Egipto y de los hebreos en el S. VI a. C., cosas que no se sabían en la época de dicho joven José Smith, sino que incluso tendría qué coincidir con todo lo que se descubra en lo futuro acerca de las antiguas culturas de este continente. E, imagino, aquí ya no hay quien pueda de alguna manera ponerse de pie a reclamar u objetar absolutamente nada. Porque acá no hablamos de creencias, sino de hechos, y los hechos son irrefutables. Acaso no huelgue aclarar que para cuando se publica el Libro de Mormón, nadie sabía que habían existido los mayas. Stephens y Catherwood descubrirían a los mayas 24 años después. Pensar que entre los antiguos habitantes de este continente habían existido dos civilizaciones complejas y extraordinarias sonaba a una fantasía alocada. Para José Smith y sus contemporáneos, aborigen implicaba tribus seminómadas habitantes de tipis, y nada más. Volvamos a nuestro ejercicio de imaginación:

Decía que hay todavía más: el libro en cuestión, El Libro de Mormón, resulta que tiene la fuerza suficiente como para llamar a una cantidad cada vez más grande de adeptos, al grado que cientos de miles de personas se unen a la Iglesia cada año, todas ellas asegurando que este libro fue escrito por voluntad de Dios y a eso le podemos agregar todavía un poquito más: la Iglesia que pregona que este libro es verdadero, decide someter a prueba la veracidad de este libro, e invierte una buena cantidad de dinero año tras año para mantener el Instituto Maxwell (antes FARMS), para investigar datos objetivos, científicos, con perfecta base histórica, que atestigüe de la veracidad del libro, con la certeza de que cada nuevo descubrimiento en el ramo de la arqueología prehispánica irá acomodando los paradigmas a fin de que se ajusten al libro. (De hecho, este correo es continuación de uno anterior, donde hablaba de que había habido un descubrimiento en Chiapa de Corzo que acomodaba mucho de lo que creíamos acerca de los olmecas, los mayas, y recorrre por fuerza los tiempos y geografía de la influencia de dichas culturas... ajustándolas a lo que indica el Libro de Mormón).

Una vez más, Si esto fuera una simple invención, o cualquier tipo de fraude, creo que no habría forma de que los resultados de dichas investigaciones atestiguaran de manera continua, por más de 50 años de investigación, que este libro es verdadero, ¿correcto? Imagínate: un libro que concuerda con lo que los arqueólogos descubren cada día a un nivel geográfico, histórico, cultural, etc. Una vez más: puedes dudar de la doctrina del libro, pero no puedes poner en duda que es lo que dice ser: un registro hecho por antiguos habitantes de este continente, siglos antes de la llegada de los españoles. En ese sentido, si puedes, te sugiero esta liga: http://maxwellinstitute.byu.edu/publications/books/?bookid=41&chapid=196.

Con esta idea en mente, trato de escribir en esta entrada una aproximación al Libro de Mormón y la arqueología de Mesoamérica. El asunto es un tanto complicado, porque hay mucho ya escrito y difundido; cosas que la gente por lo general sabe en los EUA, pero que no cuenta con la suficiente difusión entre los lectores que sólo hablan español. Así que no diré nada nuevo para un lector bilingüe, pero acaso haya cosas de interés entre los que no se han dado mucho a leer en inglés.

Iniciamos, a manera de marco referencial, con el Libro en sí mismo. El libro nos habla de ciertas culturas, la mayoría de las cuales no sabemos su nombre.

Primero estarían los jareditas, salvo que no se llamaban así. La primera vez que se les llama así es en Moroni 9:23, cuando ya tenían unos mil años de haberse extinguido, así que no sabemos cómo se autodenominaban. Sabemos que allá por el 2,700 a.C. llegan a este continente, en ocho navíos. Son un grupo que viene de Babel, y se comporta, precisamente, como se comportaba la cultura Acadia (de Babel) en esos años: la sucesión al trono es violenta, se impone por la fuerza, los reyes suelen terminar sus días en el cautiverio, son amantes de la cacería, que es vista como un deporte de la nobleza. Al final se extinguen, pero curiosamente su influencia seguirá en el Libro de Mormón por cientos de años: hay quien se ha dedicado al estudio de los nombres en el Libro de Mormón, y ha notado que muchos de los grandes anticristos tienen nombres cuya raíz no es hebrea, y coincide con el origen acadio de los nombres jareditas. Muchos de los aspectos de la cultura jaredita se verá después reflejada en la cultura nefita.

Los nefitas son los autores del libro. Usualmente son guiados por profetas, pero también pasan por momentos de iniquidad. Su gobierno a veces es teocrático, pero la mayor parte del tiempo no lo es. En un continente donde es frecuente encontrar grandes ruinas prehispánicas no se han encontrado ruinas asombrosas dejadas por los nefitas, porque ellos construían con madera (2 Nefi 5:15; Mosíah 11:9; Helamán 3:7, etc.). Es hasta mediados del libro de Alma que se habla de cemento: la cultura evoluciona. Por ejemplo: alguien alguna vez me dijo que un pero que le ponía al Libro de Mormón es que se habla de la espada de Labán como una espada de acero, pero uno va, digamos, al Museo de Antropología en el DF y lo único que ve allí es barro y piedras. La apreciación no es exacta en cuanto al museo, pero sí valedera: las culturas evolucionan: después del libro de Jarom prácticamente no se vuelve a mencionar el uso de metales. Se habla de espadas y cimitarras, pero dar por supuesto que las mismas eran de metal implica dar por sentado muchas cosas. La macana prehispánica o Macuahuitl está definida como eso: como una espada de madera  http://library.thinkquest.org/C006206F/images/images/armas.gif A veces tendemos a creer que los nefitas eran los "buenos" y los lamanitas los "malos", pero esto no es exactamente así. Es cierto, usualmente los profetas viven entre los nefitas, pero eso no quiere decir que el pueblo nefita fuera justo. La historia tiene un punto de vista subjetivo. El Libro de Mormón nos muestra la historia desde la perspectiva nefita, y los nefitas miraban desde un punto de vista eminentemente racista (Jacob 3:5; Mosíah 9:1-2; Alma 26: 23-25). Me parece muy interesante en que el autor presenta al profeta Samuel (Helamán 13:2) y la nota que él hace acerca de las diferencias raciales y culturales entre las culturas de su época (Hel. 14:10).

La otra cultura son los lamanitas. Los lamanitas por lo general son mencionados "de pasada", vaya: en un libro sobre la historia de México no aparecerá nunca, me imagino, la historia de lo que sucedió en 1875 en el Uruguay: no sabemos exactamente cómo evoluciona la cultura lamanita, con qué pueblos se mezclan, pero es evidente que pasa eso en el Libro de Mormón: la manera en que se multiplica el pueblo lamanita sólo puede ser explicada de esa manera: la fusión con otros pueblos, me parece (¿alguien podría explicar de otra manera Alma 43:13-14?). Así que los lamanitas son los que dan a los nefitas el conocimiento del cultivo del maíz (la primera vez que se menciona el maíz en el Libro de Mormón es en territorio lamanita: Mosíah 9:14); ellos son los primeros en usar la cimitarra (Enós 1:20). En ese mismo versículo vemos que ellos fueron los primeros en adoptar el taparrabo o maxtlatl, la vestimenta del mundo mesoamericano. Finalmente, los lamanitas exterminarán a los nefitas, y seguirán evolucionando en la historia, fuera del libro.

Ahora, ¿Cómo se llamaban a sí mismos los lamanitas? No lo sabemos exactamente: el nombre es una convención que ayuda a la lectura del libro (Jacob 1:13-14). Así que bueno: no sabemos cómo se llamaban a sí mismos los jareditas, o los lamanitas. Y eso en parte hace más difícil poder ubicarlos en el contexto geográfico de este continente. Pero no en el contexto histórico. Históricamente, hay ciertas culturas que encajan perfectamente con las que se mencionan en el Libro de Mormón. Así que dejemos al libro de momento, y vayamos a Mesoamérica.

la madre de todas las culturas es la cultura olmeca. No sabemos cómo se llamaban a sí mismos. El nombre se los pusieron los aztecas y significa, en náhuatl, algo así como "habitante de la región del árbol del hule", y el nombre se lo pusieron cuando la cultura olmeca tenía casi 2,000 años de haber desaparecido. Cronológica y culturalmente coinciden con los jareditas: son la madre de todas las culturas mesoamericanas tanto en sus modelos de pensamiento, como en conceptos religiosos: su influencia persistirá hasta la llagada de los españoles a nuestro continente. Lo que se dijo arriba de los jareditas aplica a los olmecas: hoy se sabe que las 17 colosales cabezas olmecas que se han encontrado son tronos de reyes, y que mucho del daño o erosión que muestran fueron hechos por los mismos reyes olmecas que les sucedieron en el trono, lo cual encaja perfectamente con el modelo de sucesión jaredita. Parecería que los caracteres del Libro de Mormón que copió el Profeta José Smith coinciden con la escritura olmeca (http://maxwellinstitute.byu.edu/publications/jbms/?vol=8&num=1&id=188#Anchor-9.%20Ph-18500). Si los jareditas vivían al norte de los nefitas, y los olmecas vivían en Tabasco, parecería lógico pensar que los nefitas vivieron en Chiapas. Explicar el por qué da como re-escribir cualquiera de los libros de Sorenson. Basta decir que él ha elaborado ese buen modelo, y que funciona muy bien: al parecer la familia del profeta Lehi desembarca en Guatemala, los lamanitas por un tiempo permanecen allí, y los nefitas se desplazan cada vez más hacia lo que ahora llamamos Chiapas, México. El río Sidón sería el río Grijalba o el Usumacinta, y la ciudad de Zarahemla quedaría muy cerca o en la actual Chiapa de Corzo... insisto: parece que voy muy rápido, pero en realidad son cosas que son muy manidas en ciertos niveles, y en otros no se habla siquiera de esto. Por lo mismo, a quien esté muy interesado en darse una idea más detallada de dónde quedarían posiblemente las tierras del Libro de Mormón, remito a esta liga: http://maxwellinstitute.byu.edu/publications/review/?vol=3&num=1&id=55.. Los nefitas se extinguieron en una última batalla en el cerro Cumorah, justo donde se habían extinguido los jareditas cientos de años antes, en ese cerro que los jareditas llamaron Rama. Y eso al parecer quedaría muy cerquita de Santiago Tuxtla, o Catemaco, Veracruz. Esto, por supuesto, no está sacado de la manga. los estudiosos del Instituto Maxwell han hecho bien su tarea y hay razones de peso para indicar esos lugares.

En este momento alguien dirá, me imagino: "¿Qué no el cerro de Cumorah estaba en Nueva York?" Y uno diría que sí, así como León, Guadalajara, Mérida, etc. Están en España, y también en México. El río Eufrates de Mesopotamia se llamó así en honor a uno de los brazos del río que cruzaba el Edén, que no estaba originalmente allí, y Tebas, de donde venía Edipo, se llamó así por Tebas, en Egipto. Entre los lamanitas había una ciudad llamada Jerusalén, que no era la que se encuentra, por supuesto, en Tierra Santa, pero que demuestra que su corazón seguía pensando en regresar a casa. Cumorah está entonces, al parecer, en Veracruz, pero también hubo un segundo Cumorah, pocas décadas después, en el norte de lo que ahora llamamos Nueva York.

Así, pues, los jareditas serían los olmecas. Los nefitas, la cultura de Izapa, Chiapas. Los lamanitas evolucionarían en lo que ahora conocemos como la cultura maya.

Este es el fin del correo. Termino con un dejo de incomodidad, de haber navegado entre dos aguas: demasiado resumido para el lector no avisado, demasiado de descubrir el hilo negro para el que ya tiene camino recorrido. En ambos casos, lo único que puedo pedir es, simplemente, un poco de comprensión para el otro tipo de lector. Ojalá esta entrada haya podido serte de utilidad, de alguna manera:


Óscar Pech Lara
 
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass

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