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viernes, 17 de septiembre de 2010

Caldo de pollo para el alma

Si quieres, mientras me lees, escucha a Debussy de fondo:

http://www.youtube.com/watch?v=s2XzoA94Zws
 


Me dice Arnoldo que por qué no colecciono las historias que cuentan los pacientes y luego las publico como el Caldo de pollo para el alma. Bueno, a eso habría qué responder algunas cosas. Trabajar en esto que trabajo es descubrir cosas nuevas: implica aprender a escribir. Borges decía que la vida de un hombre se cifra en un instante  y, en este caso, ese instante casi siempre es el del accidente, que desvía por completo el cauce de su vida a uno mucho más difícil y del que la persona debe aprender mucho. No sé qué ni cómo pero intuyo que las cosas no pueden pasar así nada más porque sí. Hay una enseñanza en todo esto. Veo cada día a hombres y mujeres que la vida golpeó y no creo que esto venga así, nada más gratuitamente.

Pero lo interesante es que debo escribir un reporte de ese, el momento crucial de una vida, y casi siempre debo desnudarlo de lo más valioso, dejando sólo lo que es relevante para el abogado y el doctor. Un ejemplo:

Ayer entrevistaba a una auxiliar de enfermera que trabaja en un lugar donde sólo hay gente paralizada. Su trabajo consiste en cargar enfermos, bañarlos, cargarlos de regreso a la cama, cargarlos para ir al baño... etc. cargar. Los enfermos ya no son como hace 100 años: ahora son obesos y con ese antecedente, uno puede imaginarse hacia dónde va a parar esta historia, ¿no? Afortunadamente ya se inventó una máquina que levanta la silla de ruedas para que sea más fácil desplazar al paciente. Con todo, ustedes ya se imaginan más o menos cómo va a ser el accidente: el paciente, la silla de ruedas y la máquina misma van a caer sobra la auxiliar de enfermeras. Pero hay cosas que el doctor no va a saber, y acaso ni siquiera le importe, pero es lo que hace que la historia tenga cualidades literarias:

La asistente necesitaba ayuda, y allí trabaja la sobrina del dueño de la empresa. La asistente le pide ayuda, y esta muchacha, a la hora de cargar, suena su celular con u mensaje de texto. Ella suelta al paciente para responder el mensaje de texto, y por estar texteando es que sucede el accidente. Eso no es relevante para el abogado ni para el doctor, pero eso va a traer consecuencias para la asistente, porque el dueño va a tratar de encubrir a su sobrina. Y algo más:

Uno dice "el enfermo" y no sé si hasta ahora ha llegado algo a tu mente. Deja te enriquezco la imagen: el enfermo es un hombre que llega casi a los 50 años. Esta inmovilizado desde el cuello hasta las puntas de los pies. Acosa verbal y sexualmente a todas las enfermeras. Su enfermedad física, es, me parece, lamentable. Su obsesión sexual es, me parece, repugnante. Cada asistente tiene un número equis de pacientes asignados. Este señor, Esparza, ha estado con todas, y todas renuncian a él. El cuate este busca estar cerca de las enfermeras y tocarlas de alguna manera con la cabeza, o bañarlas de obscenidades. Cuando la sobrina lo suelta, él jala con su cuello para caer sobre la asistente y, sobre ella, va a seguir diciendo obscenidades. De nuevo, eso no aparecerá en el reporte.

Cuando cae sobre ella, ella trata de detener con su mano izquierda al paciente, silla y máquina (sus tendones del hombro izquierdo van a romperse en ese esfuerzo), mientras la sobrina la mira, sin hacer nada, porque los jóvenes ahora son así: ya no saben qué hacer, tomar decisiones, reaccionar, responder.

La asistente al final la ponen en un estatus que se llama "disability". Cuando regresa al trabajo, (este es un buen final para un cuento de terror: a mí no se me habría ocurrido) su jefe la recibe diciéndole que le ha dado una asignación de planta, por haber puesto una denuncia: ahora, para siempre, su paciente asignado será el señor Esparza, el viejo rabo verde que, por cierto, se comporta como si absolutamente nada hubiera ocurrido. otro aspecto que, por cierto, no aparecerá en el expediente.

Para ser un caricaturista destacado, para ser un escritor destacado, en buena medida hay que ser como el buitre, que se alimenta de la carroña humana, que no se conmueve, que no siente compasión, y que de ello crea. No sé qué podría resultar de estas historias, acaso un libro que se llamara caldo de buitre para el alma, pero por lo pronto sigo aprendiendo a escribir, me imagino.


Óscar Pech Lara
 
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass
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