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viernes, 24 de septiembre de 2010

Dormir y despertar (un poquito la aburridora)

Cada día me levanto en la mañana y lo primero que hago es leer las Escrituras. Sé que si no lo hago así, mi día no será el mismo. Es, creo, la mejor manera de iniciar el día. Hay poder en ello. Siempre hay pendientes, siempre hay otras cosas que hacer, pero es una protección y un gozo sentir que el Padre me habla a mí y me consuela o me reconviene a través de las palabras de los profetas.

Esta semana inicié la lectura del libro que es mi favorito: Isaías. Es un hombre grandioso, de quien siempre aprendo. Y entonces, en el capítulo 6, está la manera en que fue llamado como profeta. Y al releerlo esta vez, noté algo que no había notado antes: antes había notado cómo se comportan los ángeles en el cielo y lo que hacen con sus alas (vaya, no que existan seres alados: las alas son una mera metáfora de poder, y lo que hacen los ángeles con sus seis alas son un modelo de lo que debemos hacer todo: cuidar lo que vemos y hablamos, cuidar nuestros senderos, y trabajar en la obra del Señor), pero, decía, ahora me llamó mucho la atención que Isaías, cuando fue llamado, era un hombre imperfecto: es hasta que es llamado que se da cuenta que no ha tenido cuidado de la manera en que habla y, siendo de labios inmundos, había visto al Señor. A mi mente vinieron dos escrituras, una en Éter 12:27, y la otra en 12:37. Las pego aquí:

y si los hombres vienen a mí, les mostraré su adebilidad. bDoy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi cgracia a todos los hombres que se dhumillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas edébiles sean fuertes para ellos.

Para mí en este versículo hay una gran promesa, si tú quieres venir a Dios, de alguna manera Él te va a mostrar de qué cosas te tienes que arrepentir. Él te va a mostrar tu debilidad. Y puede ser que haya algo en tu pasado de lo que tengas que arrepentirte, algo que incluso tal vez hayas olvidado, pero Él te va a ayudar a a recordarlo, para que lo dejes, y puedas venir a Él. Y entonces, si eres humilde, Él te va a ayudar a que tus debilidades se hagan fortalezas. En 12:37 se lee:

36 Y sucedió que le imploré al Señor que diera agracia a los gentiles, para que tuvieran caridad.

  37 Y aconteció que el Señor me dijo: Si no tienen caridad, es cosa que nada tiene que ver contigo; tú has sido fiel; por tanto, tus vestidos estarán alimpios. Y porque has visto tu bdebilidad, serás fortalecido, aun hasta sentarte en el lugar que he preparado en las mansiones de mi Padre.

Hay una frase allí que me impresiona: "porque has visto tu debilidad": la necesidad de hacer una introspección, de hacer un alto en la vida y mirar en nuestro interior, y entonces las dos grandes bendiciones de hacer eso: 1. Ser fortalecido 2. Habilitarnos para recibir lo que el Padre tiene para nosotros.

Cuando era niño alguna vez escuché un discurso en la Iglesia que me impresionó a tal grado, que todavía lo recuerdo. La persona que discursaba decía que la conciencia es como una pequeña sierra eléctrica que tenemos en nuestro interior y se acciona cuando hacemos algo malo, salvo que, si lo seguimos haciendo va perdiendo el filo, y llega el momento en que quien persiste en hacer lo que no es correcto tiene tan sin filo su conciencia, que ya no sabe qué está bien y qué está mal.

Creo que esta idea no es exactamente así: alguna vez escuché esta historia, que me parece un poco más acertada: imagina tres jóvenes que quieren ver quién es más macho. Quieren medir su "hombría" viendo cuánto tiempo aguantan poniendo sus manos directamente sobre el fuego. Ellos se llaman A, B y C. A es el más fuerte, B es un joven normal, y C es el más débil de los tres. A sabe que va a ganar y va tal cual a la competencia. B quiere tomar ventaja y va y compra una caja de analgésicos y unas dos horas antes se toma unas tres pastillas. C, el más débil, lo ve hacerlo, y a escondidas se toma toda la botella de analgésicos. Llega el momento de la prueba. A aguanta con la mano sobre la lumbre por unos... ¿cuánto dura alguien con la mano sobre la lumbre? ¿3 segundos? B, gracias al analgésico, aguanta 10 segundos. C, ni siquiera es consciente de lo que está haciendo, y aguanta con la mano sobre la lumbre hasta que su mano huele a carne asada y, bueno, gana el certamen. El punto es lo que va a pasar cuando pase el efecto del analgésico.

Yo no creo que Isaías fuera un gran pecador, o en todo caso pienso en lo que dice en Santiago 5:

"16 Confesaos vuestras faltas unos a otros y orad los unos por los otros, para que seáis sanados; la aoración eficaz del bjusto puede mucho.
  17 Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y rogó fervientemente que no lloviese, y no allovió sobre la tierra durante tres años y seis meses.
  18 Y otra vez oró, y el cielo dio alluvia, y la tierra produjo su fruto."

Era un hombre sujeto a pasiones, como todos, pero llega el momento en que ve en su interior, y despierta de su condición, y le duele, y quiere cambiar. El pecado hace justo lo opuesto: adormece la conciencia, es una especie de analgésico espiritual. Salvo que llega el momento en que el analgésico se acaba, y tarde o temprano la conciencia despierta, y entonces C descubre que no fue el que ganó el certamen, sino el que perdió.

Alguien me dijo, hace mucho: “no dejes que la vida y las cosas te lastimen”. No sé si puedo enumerar todas las fuentes de dolor, pero creo que cuando la vida nos duele es o porque alguien nos hace algo, o porque nosotros mismos, en nuestra torpeza, lo buscamos, es decir, que las fuentes del dolor podrían ser: 1. La desobediencia y 2. Aquellas cosas injustas que suceden para nuestro propio perfeccionamiento. El dolor, entonces, en buena medida es una bendición (no, no soy emo, ojalá se entienda bien lo que quiero decir): el dolor es necesario porque nos lleva a venir a Cristo, a arrepentirnos o, bien, refina nuestras virtudes, purifica el espíritu.

Satanás, el enemigo, “anestesia” nuestro espíritu hasta que “dejamos de sentir” y no podemos arrepentirnos porque no sentimos más dolor. El Espíritu Santo en cambio refina nuestro espíritu y nos lo deja “en carne viva” para que al menor indicio de pecado nos duela. La vida y las cosas a veces nos lastimarán pero sabiendo que hay un propósito en ello, sobrellevaremos mejor esas pruebas. Ese "les mostraré su debilidad" de que hablaba al inicio, ese mirar en nuestro interior, es una especie de despertar. Y cada vez que en las Escrituras leo de despertar, pienso en eso: en mirar en mi interior, y salir de ese estado de estupor de que hablan los profetas. En 2 Nefi 1 dice el profeta Lehi:

13 ¡Oh que despertaseis; que despertaseis de ese profundo sueño, sí, del sueño del ainfierno, y os sacudieseis de las espantosas bcadenas que os tienen atados, cadenas que sujetan a los hijos de los hombres a tal grado que son llevados cautivos al eterno cabismo de miseria y angustia!
  14 ¡Despertad y levantaos del polvo! ¡Escuchad las palabras de un apadrebtumba, de donde ningún viajero puede volver; unos días más, y seguiré el ccamino de toda la tierra! tembloroso, cuyo cuerpo pronto tendréis que entregar a la fría y silenciosa
      •  •  •
  23 Despertad, hijos míos; ceñíos con la aarmadura de la rectitud. Sacudíos de las cadenas con las cuales estáis sujetos, y salid de la obscuridad, y levantaos del polvo.

La frase "Y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad" contiene en sí misma una gran promesa: si venimos a Cristo, podremos ver en nuestro interior, como Isaías, darnos cuenta de qué somos en realidad, y podremos determinar exactamente de qué tenemos que arrepentirnos. Arrepentirnos es un poco como una medicina muy amarga, pero cuando uno de verdad quiere cambiar en serio, sabe que no hay de otra, y que hay qué tomarla, o el cuerpo seguirá en su propio derrotero hacia la bestialidad. No sé tú. En mi caso, siento que mi vida a veces es simplemente una lucha para hacer que Óscar Pech derrote al animal que lleva adentro. Sólo eso, y que lo bueno que hay en mí salga triunfante, haciendo que lo bueno pueda florecer en mi alrededor.

En fin, sólo unas reflexiones de una noche de insomnio. Que tú estés durmiendo el sueño de los justos:

Óscar Pech Lara
 
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass


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