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martes, 28 de septiembre de 2010

Pecados y debilidades

No es lo mismo un pecado que una debilidad. Como citaba en un correo anterior, Elías era un hombre sujeto a pasiones, semejantes a las nuestras. Acaso lo que nos salva es eso: ver a nuestro interior, descubrir nuestras debilidades, venir a Cristo, y esas dos cosas juntas, nos ayuda a sobrellevar nuestras debilidades.

Hace tiempo comentaba con alguien entre ustedes de algo curioso que sucedió en el barrio. Una hermana se levanta en primer domingo de mes y nos dice que ella siempre lee las Escrituras, que ello le da gran consuelo, pero que ahora leyó y no pudo sentir nada. Que no hubo comunicación con el cielo. Y entonces su esposo se para y un poco molesto la regaña en público porque anda contando a todo el barrio sus pecados. Me molestó mucho esto, porque no es pecado esforzarse y no tener una experiencia espiritual. Nunca será lo mismo un pecado y una debilidad.

Si entiendo yo, una debilidad es una parte de nosotros que no cultivamos lo suficiente en nuestra existencia premortal, y entonces hay quien batalla con la humildad (como yo), o bien, ciertas debilidades se dan cuando los actos de nuestros padres no coinciden con lo que enseñan: se crean zonas de ambigüedad moral: mi abuelita era sumamente honrada, cuando alguien tomaba algo que no era suyo siempre decía "a qué te supo lo robado": siempre reconvenía a sus nietos para que fueran honrados, pero su pasión eran las plantas, siempre buscaba ir a jardines y parques, y aunque hubiera letreros allí de "favor de no llevar coditos", para ella  era imposible no tomar una codito de una planta que le gustara, porque su jardín era formidable. E imagino que hay muchas otras razones por las cuales tenemos debilidades. Pienso ahora en Pablo, en 2 Corintios 12 (si quieres leer el capítulo, da clic aquí).  Pablo dice: yo fui hasta el tercer cielo, al grado más alto de la gloria celestial pero, para que esto no se me subiera a la cabeza, el Señor me dio un... mejor cito textualmente:

7 Y para que la grandeza de las revelaciones no me aexaltase desmedidamente, me fue dado un baguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera.

  8 Con respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor que lo quite de mí.
  9 Y me ha dicho: Te basta mi agracia; porque mi poder se perfecciona en bla debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que crepose sobre mí el poder de Cristo.
  10 Por lo cual, por causa de Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy adébil, entonces soy fuerte.
 
A veces tenemos aguijones en la carne, debilidades, que El Padre nos da, simplemente para que seamos humildes y vengamos a Cristo y, al reconocer que dependemos de Cristo, entonces nos fortalecemos. Pero uno debe ejercer su voluntad, aplicar la fuerza del albedrío porque igual: si uno no hace su mejor esfuerzo, entonces las debilidades se vuelven pecados: creo que las debilidades son materia prima con las que nosotros debemos trabajar para ser mejores o, si no, se vuelven la materia prima con la que trabaja satanás, porque satanás siempre trabaja con nuestros malos hábitos.

Bueno, una simple reflexión antes de iniciar el día. Que tengas un día extraordinario:

Óscar Pech Lara
 
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass


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