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jueves, 27 de enero de 2011

Del mundo ficticio

Mi hermano Alberto me manda esta liga:

http://www.flixxy.com/future-shopping.htm

Y bueno, la tecnología existe y parece que la función de la tecnología desde hace unos veinte años no es sólo ayudar al hombre, sino cumplir con el deber de asombrarlo. Pero uno no debe olvidar que se trata de sólo un anuncio: quien ha comprado por catálogo sabe que hay una brecha entre lo que uno compra y lo que uno obtiene. En cualquier parte del mundo que he ido, me he topado con que uno quiere un determinado modelo o color, y tienen en todas las tallas, menos en la tuya. O que de todas las prendas, sólo la tuya salió defectuosa, y ni siquiera te diste cuenta al probártela. Y si eso pasa con el mundo físico, ahora con intentos de entrar al mundo perfecto... bueno, por lo pronto la tecnología ya cumplió con la segunda de sus funciones, la de asombrarnos. Ahora falta que en el mundo real cumpla con la otra, la de servirnos.

En mi trabajo cotidiano de "Caldo de buitre para el alma made in California", noto una cosa muy interesante: muchos de mis pacientes trabajan en Los Angeles, pero otros trabajan en Beverly Hill, en Hollywood, cosas así. Algunos pacientes trabajan para Disneyland o Universal Studios. Y veo que en ello hay dos mundos yuxtapuestos. Uno es el del glamour, del mundo perfecto, de la cara tersa y bonita. Pero siempre bajo de él hay otro mundo: el de los que hacen posible ese mundo bonito. Un poquito a la manera de La máquina del tiempo, de Orson Wells, o de A Brave New World, de Huxley. Y ahora, cada vez que entro a un McDonalds (no tienes idea de cuántos accidentes hay en McDonalds y Pizza Hot, y de cómo casi no hay en Burger King, v. gr.), pienso: aquí hay un accidente en potencia. Y otro aquí, y aquí y allí. Uno desarrolla un ojo clínico para ello: un detector de accidentes en potencia, pero también miro ahora con mucho interés a los empleados, porque ahora sé de ese otro mundo, y me intereso cada vez más en él: en ese mundo de dolor, de opresión, de injusticia.

Lo cual no deja de ser un poco molesto: cada vez que te comes una hamburguesa no lo sabes, pero suele haber dolor y sobre explotación para que ese producto llegue a tus labios. Es increíble, pero por cada prenda que te pones en California hay dolor, trato inhumano, y mucho, mucho, mucho sufrimiento. No hay excepciones: hay un submundo que no conoces, que seguro no te imaginas, y mi trabajo es ese: buscarlo y, bueno, ayudarles aunque sea un poquito.

La tecnología nos muestra un mundo ficticio y bueno, uno decide en qué lado de la línea se pone. Yo estoy cada vez más en contra del mundo frívolo, y volitivamente me pongo del lado de los oprimidos, tratando de que este mundo sea un poquito más justo. Imagino que tú estás en lo mismo, y te deseo mucho éxito en esto de tratar de hacer de este mundo un poco mejor, desde tu propia trinchera, con tus desafíos y adversidades. Que la vida te sonría en esta lucha cotidiana:  



Óscar Pech Lara
 
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass
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