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sábado, 22 de enero de 2011

Las cosas no son así... nunca lo fueron.

Si quieres, primero ve la presentación, que no tiene nada que ver con lo que sigue.

Hablemos de cine, y del protagonista o héroe en el cine. No siempre, pero casi siempre, el héroe es el protagonista, y a menudo se confunden. De hecho, vale la pena recordar que protagonista quiere decir algo así como "el primero en la lucha", mientras que el héroe, bueno: en la antigüedad casi siempre el héroe 1. Era un semidios, parte mortal, pero con poderes que iban más allá del grueso de los mortales. 2. Era alguien que encarnaba los valores de la sociedad, o del nivel alto de la sociedad: Lo que él hacía era lo que era correcto de hacer. Aquiles hace su berrinche porque le roban la esclava, y estaba bien que lo hiciera (para alguien de su clase social, al menos); Ulises miente y es tramposo como pocos, y estaba bien, porque de alguna manera el fin justifica los medios; Rama es celoso y un gandallita bien hecho con la esposa, los sirvientes y hermano y es correcto, porque ellos aparte tienen otras cualidades que acaso compensan esos defectos. Y luego del relato épico viene el teatro, y la evolución del héroe, al menos en el teatro griego, es muy interesante: como ahora ya nadie sabe, en Esquilo el héroe es solemne, es un caballero, es hierático. En Sófocles el héroe a veces es víctima, ya no siempre es un semidiós. En Eurípides, en cambio, el héroe a veces es mujer, muchas veces ya no tiene nada de divino, y es un personaje del medio pelo. Ya luego vendrá la comedia con Aristófanes y  cuando el protagonista ya no tiene nada de heroico surge el antihéroe. Alguien dijo que el héroe se le reconoce porque reúne tres cualidades: sabe más, quiere más, puede más. piensa en una película, y dime si cumple o no con estas tres cualidades.

Y el punto es ese: cada década tiene sus héroes. En los setentas el héroe era encarnado por Robert Redford, Paul Newman, Steve McQuinn. ¿cómo era ese héroe? solía ser rudo, rudo, bondadoso, macho, impenetrable en sus sentimientos. McQuinn era algo así como el macho alfa por donde lo buscaras. Bondadoso, pero duro. Sin sentimientos. "Los hombres no lloran", decían los padres a los niños, y uno de niño se la creía. Otro dicho era "el hombre es Feo, Fuerte y Formal", y uno se la creía. McQuinn no era precisamente guapo: era pura testosterona, creo, y si quieres puedes corregirme. En The Sting Paul Newman aparece por primera vez en la pantalla, borracho en una tina, y las mujeres se deshacían por él. Claro, imagino que más de una ya había visto a un tipo todavía más borracho en su propia tina, con la inmensa diferencia de que Newman sabía cómo hacer para impartir justicia, era guapo, era simpático y era bondadoso. En Infierno en la Torre McQuinn aparece por primera vez, bajándose del carro de bomberos, hasta como media hora de que inició la película, y aunque aparece muy tarde, todo mundo en el cine sabe que llegó el tipo duro, que al fin llegó El Héroe. Ninguno de los tres actores, por cierto, llegó a ser galán en la década siguiente. A principios de los 80s, hasta donde me alcanza la memoria, hubo un cambio radical en el concepto de héroe. El único que nunca cambió, y le vino muy bien eso, fue Clint Eastwood, desde Dirty Harry, Unforgiven, o Gran Torino, él siguió fiel a ese modelo de héroe viril, incomprendido, que a veces siento le es tan entrañable a nuestra sociedad, por ese vacío de bondad de que espero hablar más abajo.

Volviendo a principios de los ochentas, recuerdo algunas películas que eran muy innovadoras, interesantes, pero desagradables como morder un pedazo de papel estaño tanto para algunos de mis amigos, como a mí:
Rambo, Cobra, Terminator. Yo no sé qué siente hoy día un joven si ve esas películas viejas, pero nosotros nunca habíamos visto algo así, y marcábamos ese algo que no habíamos visto antes en el cine: "hay demasiada violencia gratuita", decíamos. Es decir, había escenas que podían haberse ahorrado; cosas que uno podía entender sin que fueran mostradas: había un regodeo en la violencia. A Sylvester Stallone y a Arnold Schwarzenegger les debemos el retrato de la sociedad de los ochentas. Pensemos, por ejemplo, en Rambo: si el héroe es el espejo de los valores sociales, vemos una sociedad que ya no tiene valores. Que es incomprendido por su sociedad, que es un paria. Puede más, porque vaya, él solito puede contra todo un pueblo, pero la sociedad ha cambiado, se le ha vuelto ajena y lo que él quiere, lo único que él quiere (el regreso de su sociedad) es imposible. Los argumentistas de cine se habían cansado de mostrarnos al bueno en blanco y al malo en negro, y se regodeaban en los grises: Nick Nolte solía representar papeles de policía rudo en donde uno decía: "¿Quién es el bueno aquí? Si este policía no estuviera del lado de la ley, sería más malo y mentalmente insano que el malo de la película".

Luego vienen los noventas, y vuelve a haber un cambio: ahora importaba que el héroe fuera sensible, que no le tuviera miedo a su lado femenino y, bueno, así fueron las cosas: el héroe cada vez sabe menos, o incluso quiere menos, pero todavía puede más. Ya no por derecho o fuerza propia: a veces es sólo por casualidad, pero todavía puede más.


¿el cine educa? Más de uno me dirá: claro que no: el cine entretiene. Entretiene, claro, pero forma. Hace mucho escuchaba a un anciano decirle a un joven: "es que tú crees que tu vida amorosa se va a resolver como en una película, Sergio, pero las cosas no son así... nunca lo fueron". Y es muy cierto: vemos tanto cine, que creemos que la vida se parece al cine, y no: las cosas no se solucionan mágicamente como en el cine. A veces nunca se solucionan y ya. Como me dijo una paciente: uno aprende a vivir con dolor constante. En el cine no hay mujeres feas, y eso descarta a un montón de la población. En el cine el protagonista suele ser torpe, débil, apocado, porque así son o se sienten casi todos los hombres (bien mirado, el cine va dirigido en ese sentido al género masculino: somos la bestia que se espera encuentre a su bella y uno entiende, a veces con cinismo, como se dice en King Kong, que el peor error es enamorarse, porque la Bella suele matar a la bestia: todos los hombres somos King Kong de alguna manera, me imagino).

Pero ya me salí del tema: Y entonces viene esta década. Lo siento: de los últimos veinte años casi no sé de cine: a mi esposa no le gusta el cine, y es muy poco lo que yo puedo decirles del mismo, pero a veces vemos películas para niños, y sí, claro, principalmente allí, es muy claro el papel del héroe. Pienso en las últimas dos que he visto: Despicable Me (Mi villano favorito) y Megamind. Ambas me parecen muy interesantes y rescatables: vemos algo que veníamos viendo desde Shreck: el héroe no es guapo, él héroe es el villano, sólo que se nos muestra cómo, dadas ciertas circunstancias, el héroe se cansa de serlo (o nunca lo fue), y queda un hueco allí. Hay una ausencia de bien, o el bueno es tan perfecto, que es inasible para la sociedad, y alguien debe llenar ese hueco. Ahora, si le das poder a alguien normal, en vez de ser bueno, se corrompe (Lord Farquad, o el periodista pelirrojo en Megamind). En Igor incluso se le dice a los niños abiertamente algo para mi gusto muy duro: nunca confíes en tus gobernantes: siempre te mienten: sólo quieren aprovecharse de ti.

Pero en estas tres películas para niños vemos una constante: alguien malo puede volverse bueno y ser grandioso. Claro, ya Dickens nos lo había mostrado con Scrooge y Canción de Navidad: no hay gente mala: hay gente que sufre, y cuando curas su dolor, se curan de la maldad. Con todo, entrevisto a mis hijos y creo que no les queda claro ese concepto. Les pregunto que qué entendieron de estas películas, que muestran una constante: el bueno es un pesado o no existe: pero todo en todo malo hay la posibilidad de ser bueno, y lo que ellos me responden es que ellos entienden que no debemos juzgar tan rápido a la gente, porque a veces los que creemos que son malos, pueden en verdad ser los buenos. Vaya, que en la mente de mis hijos el bueno ya era bueno, sólo que él mismo no lo sabía. En su mente no hay un cambio; no hay una redención.

No sé qué piensen ustedes: el cine no es una escuela, pero educa, de alguna manera, y me preocupa mucho cómo entienden los niños, los jóvenes de ahora, el modelo de bien y de mal presentado en el cine. No sé: ¿qué piensas al respecto?


Óscar Pech Lara
 
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass

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