Google+ Followers

lunes, 14 de febrero de 2011

Certezas y situaciones límite

Ayer tuvimos conferencia de estaca. Alguien, no diré quién, en su discurso quiso quedar bien y dijo que uno podía ser feliz sin importar sus circunstancias. A mí me dieron ganas de levantar la mano y preguntarle entonces por qué tiene el cabello tan canoso. Va a sonar muy raro esto, pero creo que no por tener el evangelio, eso nos va a hacer felices de manera automática. La historia de Job es prueba de ello. Cuando estaba en la sima de su existencia, maldijo el día de su nacimiento y pedía la muerte. Y si has vivido la bastante, has conocido a alguien que ha dicho o deseado lo mismo, salvo que las Escrituras dicen que Job era un hombre perfecto, si eso te dice algo. Elías el profeta, que era quien era, también pidió la muerte, y no por eso dejó de ser uno de los hombres más valientes de la humanidad.

Si hay algo que yo creo haber aprendido de esta vida es que estamos hechos de circunstancias. Las circunstancias en esta vida lo son todo. Si tus circunstancias cambian, tus sentimientos hacia mí cambian, para bien o para mal. Me necesitas más o menos, me aprecias más o me aprecias menos. E igual al revés: Si cambian un poco mis circunstancias, puede ser que me consideres de más valor o que yo me haga despreciable a tus ojos. En esta vida todo, absolutamente todo, son dos cosas: 1, las circunstancias, y 2, la manera en que negocias con ellas. Imagino que de las cosas de más valor para aprender en esta vida es eso: aprender a negociar con las circunstancias. Las circunstancias a veces te ubican en una situación límite y entonces, cuando todas las circunstancias te son adversas o cuando todo es inestable, es cuando en realidad muestras qué hay en tu interior. Creo haber descubierto que el tamaño de tu esperanza determina el tamaño de tu paz. Es la fe, la esperanza, lo que cambia el fiel de la balanza, y pesan más que las circunstancias. Es creo, en esa fe, esperanza y caridad que uno aprende a negociar a fondo con las circunstancias, que es y no es lo que acaso este hermano quiso decir. Ahora, si me permiten, hablaré un poco de mis circunstancias y de lo que quiero decir con lo anterior:

Hoy recibí un correo de mi buen amigo Javier Padilla. Él vive en Utah. Me comenta que alguien corrió un rumor muy sucio acerca de mí. Comenté eso con unos poquitos de mis amigos, y Nacho Grimaldo me escribe, desde Monterrey: "yo escuché lo mismo, y por supuesto que no lo creí". Y el bueno de Nacho me defendió. Yo no sé si debo de estar orgulloso que mi nombre sea tal que corran rumores contra mí desde Utah hasta Monterrey, y ve tú a saber hasta en qué otras partes más, pero independientemente de la gratitud que me embarga por saber que tengo buenos amigos que defiendan mi nombre, aquí hay algo que quiero compartir contigo, y que es de gran valor para mí.

A veces procuro dejar de hablar de cosas muy espirituales. Me siento como misionero sin misión: ya no trabajo para el SEI, estoy sin llamamiento, y si hablo mucho de cosas espirituales me siento como fuera de lugar: no quiero que nadie sienta que estoy sermoneando. A veces la demasiada vehemencia en vez de ayudar, fastidia, me parece.


Pero al mismo tiempo, yo creo que al hombre de Dios no le pasa nada por casualidad. Javier Padilla me decía la semana pasada que la vida es estólida y frágil, incluso en sus mejores circunstancias, y concuerdo con ello, salvo que cuando te pones en las manos del Señor, cuando de veras quieres dar tu vida para servirlo a Él, entonces Él toma el timón, y te va a llevar por donde no imaginas, por donde el dolor y el gozo siempre son mucho más intensos ...No, no es cierto: conoces otros niveles de gozo y de dolor, pero definitivamente, y eso es algo que he visto muchas veces en mi vida, cuando nos soltamos de la mano del Señor es cuando conocemos un dolor que ni nos imaginábamos. Cuando uno vive una vida sin Dios termina enredando los hilos de su vida, causando gran dolor no sólo a sí mismo, sino a quienes más le aman a uno. No dejo de pensar en las palabras de Javier, y pienso en que la vida es estólida y frágil, pero hermosa, como cierto tipo de mujeres, salvo que comentar eso es salirme del tema.

A veces mi fe es grande. A veces puedo ver lo difícil de este momento de mi vida, y sentir que las cosas van a terminar bien: puedo pensar casi que ya todo pasó, que ya sólo es esperar a que finalmente amanezca y pase esta noche larga, fría, oscura. Vaya: sé que va a amanecer, ya sólo es esperar que salga el sol, pero mientras tanto... a veces no es fácil conservar la fe.

Hace dos semanas pasamos por días muy difíciles: dos días sin trabajo. Eso, en sí mismo, ya es una prueba medio difícil: afortunadamente cuando me despidieron, gracias a una vida frugal, tenía unos buenos ahorros, pero mis ahorros ahora tienden a cero, y eso, bueno, a veces paso noches enteras sin dormir, y si no me levanto a escribir correos como antes es simplemente porque no encuentro nada qué decir, y a eso le puedes agregar que de repente Sab y mi Hyrum se pusieron bien malos (y no me estoy quejando, no siento lástima de mí mismo, ni quiero inspirar lástima: simplemente expongo mis circunstancias). Estoy preocupado, muy preocupado, aunque todavía siento que las cosas irán bien. No sé qué sigue, y sin ninguna base firme intuyo con certeza que las cosas irán bien.

Y como no hay trabajo, aprovecho y voy al templo. Mucho, cada vez que puedo. Uno va al templo a hacer las ordenanzas que bendecirán a sus ancestros, sí, pero sobre todo voy para reflexionar, para orar, para recibir revelación. El martes en la mañana estuve allí orando de manera muy intensa: como uno suele orar cuando tienes el agua al cuello, si la metáfora no está demasiado gastada. Llegué desde muy temprano, y estuve orando.

Después de mucho rato de estar orando en el salón celestial tuve una experiencia altamente sagrada, y no te voy a decir que oí una voz, no. Pero sí puedo decir que percibí una voz, como si las palabras fueran pronunciadas dentro de mi mente, que me dijo: "tienes que pasar por todo esto, para que llegues a ser lo que quiero que llegues a ser". Y me quedé pensando en eso: una vez más: cuando tu meta es servir al Señor, todo lo que pase tiene un propósito. Todo.


El miércoles en la noche volví a ir al templo, ahora como obrero. Estuve reflexionando mirando la pila bautismal, que es uno de mis lugares favoritos en el templo, hasta que llegó el momento de entrar a la sesión. Y cuando terminó la sesión, se acercó a mí el consejero del presidente del templo. "Hermano Pech: no sé por qué siento que tengo que pedirle esto: de alguna manera alguien borró el certificado de sellamiento de la computadora: ¿cree usted que podría diseñarnos uno?" Él no me conoce: no sabe lo hábil que soy con la computadora, y eso me llenó de felicidad. Sé que en ese momento no había otra persona en el templo que pudiera hacer mejor ese trabajo, y bueno, yo tenía cita con un paciente para hacer su expediente a las nueve de la noche, pero no me importó dejar de ganar ese dinero, que ahorita es tan valioso: me sentí sumamente bendecido de sentir esa oportunidad de servir... no sé si se entiende: es el privilegio de saber que el Padre sabe quién soy, y se lo hace sentir a Sus siervos; de saber que Él sabe que puede contar conmigo, de saber que El Padre sabe que yo existo.

Yo  no sé si se entiende cuál es el punto de esta carta, pero creo que vale la pena decirlo muy claramente: Sé que Dios vive. Sé que somos sus hijos, que Él es un ser real. No una abstracción ni una metáfora ni algo idealizado, sino un ser real. Somos Sus hijos, y nos ama. Sé que la adversidad que pasamos, tiene un propósito, y que todavía hay mucha escoria en mi vida por limpiar y que, una vez que esté limpio, entonces esta prueba pasará. Pero igual sé que tú tienes tus propias pruebas... yo no sé si a veces te abruma la soledad, o si te llegas a sentir absolutamente abandonado, pero déjame decirte que sé que Él vive, sé que eres Su hijo o Su hija, y que Él te ama.

Hace unos cuatro meses encontré esto (velo, por favor, y luego regresas a leerme):

http://www.youtube.com/user/MormonMessagesSPA#p/c/BDB3BE2BE95EF8B2/1/H7UVJ3F-LDM
 


Y había tanta incertidumbre en mí, tanta soledad, tanto dolor (porque mi despido fue injustificado, porque me jugaron muy sucio, porque ni siquiera me dieron la oportunidad de defenderme, ni hubo quién a mi alrededor absolutamente nadie que me defendiera) que no lo creí. Pero ahora lo siento entrañablemente verdadero. Mi situación es hora todavía más difícil que hace 4 meses y, sin embargo, sé que esto es verdad.

Sólo quería compartirte eso, un poco a manera de defensa de los rumores que corren acerca de mí. No soy perfecto. Nunca lo he sido ni he pretendido o aparentado serlo. Soy una persona con muchísimos defectos, pero una cosa sí sé: Sé que Dios vive. Sé que tú eres Su hijo. Él vive. Te ama. Si vienes a Él, alcanzarás otro nivel de paz, de gozo, de plenitud. Alguna vez lo sentiste y, si has dejado de sentirlo, permíteme afirmarte que puedes saberlo ahora, con un conocimiento maduro, pleno, firme. Sé que no soy perfecto, pero busco con mucha fuerza, a veces desesperadamente, conservar esa certeza. Que Él vive y que somos Sus hijos, y ojalá que ese conocimiento también se encuentre en tu corazón: 


Óscar Pech Lara
 
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass


Publicar un comentario