Google+ Followers

viernes, 4 de febrero de 2011

La vida es estólida, frágil y hermosa, como algunas mujeres.




Pienso en García Márquez... ya tiene rato que ando en mi etapa García Márquez, leyéndolo a fondo, destrozándolo, analizándolo minuciosamente, tratando de conocerlo a fondo y descubrir cómo escribe, haciendo autopsia de sus obras a veces frase tras frase. Pocos narradores como él y, sin embargo, hay cosas que me irritan mucho de él como persona. Se nota demasiado al autor tras del narrador, y es una persona que no me gustaría tener como vecino, ni como amigo. Es un tipo sin muchos principios morales, un tipo que se deleita en aberraciones. Y claro, como narrador es excepcional. es simplemente inigualable.

El libro que me he leído de él dos veces en este mes así, con microscopio, son los Doce cuentos peregrinos. Una capacidad narrativa que te golpea, te deja sin habla. Me pregunto en qué radica la diferencia del autor con respecto a sus otros libros, y no sé si estarás de acuerdo conmigo, pero me atrevo a aventurar la siguiente hipótesis: Alguna vez, en Proceso, allá por 1982, García Márquez despotricaba en contra de los críticos. Un amigo le decía que por qué odiaba tanto a los críticos literarios, y el autor decía que porque se sentían con la autoridad de decir qué estaba o no estaba escribiendo en realidad el autor, cuando ninguno había notado, por ejemplo, el gran amor que él tenía por sus personajes. Para ese entonces yo tenía 17 años. Había leído 100 años de soledad mínimo cinco veces. La volví a leer bajo esa perspectiva, y sí, lo comprobé: a todos, por odiosos que sean, les da un final feliz. En este libro del que hablo, ya es otro autor: se ensaña con cada uno de sus personajes. Todos los cuentos son europeos, en todos hay una focalización sumamente singular, que es lo que hace de cada uno, una pequeña obra de arte, y en cada uno pudo haberle puesto un final más feliz pero, salvo raras excepciones, pudiendo dar un fin más noble, nada: como si dijera "la vida en Europa es dura, y allí va la dureza de la misma".

Javier Padilla me decía no hace mucho: La vida es estólida y frágil, incluso en sus mejores circunstancias. Yo cambiaría la idea por la siguiente: La vida es estólida, frágil y hermosa, como algunas mujeres.

Una de las cosas más grandes que me ha dado esta vida es la inmensa bendición de rodearme de gente buena. Es cierto, he conocido gente muy mala: gente depresiva, o pesimista, o cruel, gente que abusa, que manipula, que usa a sus semejantes para alcanzar otros fines (eso es, acaso, lo que más puedo aborrecer en alguna persona), pero ese tipo de gente entra y se va de mi vida, o a veces se quedan, pero en mera calidad de conocidos distantes. Gente a la que uno incluso aprecia, pero que curiosamente no busca interactuar mucho conmigo. En cambio, mi vida ha sido el lugar en donde gente buena llega y permanece: es cierto, ahora ya casi nadie me escribe o me visita, pero sé que quien me quiere allí está, y la vida es un crisol donde se muestra la calidad de las amistades: la vida es un lugar en donde, cuando necesitas un amigo, allí está, aconsejándote siempre, dándote consuelo, o diciéndote con sinceridad en dónde andas mal...

A ver si puedo escribir una frase...

"A veces lo más gozoso de la vida, es simplemente existir".

Ya está: Y puedes cambiar la palabra "gozoso" por las que te dicten tus circunstancias: "Difícil", "doloroso", "Aburrido", "solitario", "enajenante", pero creo que, quien de verdad quiere, puede rodear su vida de gente buena, puede hacer de su existencia una experiencia gozosa.

Yo agradezco mucho por el hecho de que tengo amigos que están allí, por su amistad, por las cosas buenas que han traído a mi vida. Si llegas a sentirte como un imán de cretinos, si de verdad hay días en que todo sale muy mal, piensa en eso: hay gente buena. Cuando una puerta se cierra, siempre hay otra que se abre. A veces no se nota, pero sí: siempre hay otra que se abre, o que en su momento se abrirá. Buen fin de semana:

Oscar Pech.
Publicar un comentario