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domingo, 18 de septiembre de 2011

La Bella y la Bestia

En tanto somos seres sociales y pensantes, cada cosa que hacemos, estemos conscientes o no, lleva una determinada carga ideológica, así como una postura de clase. Insisto: a veces no nos damos cuenta de ello y hasta podemos estar convencidos de que lo que hacemos escapa a esas intenciones, pero no: allí está esa especie de currículum oculto: Es casi imposible que uno pueda ocultar lo que es y desde donde habla. De allí la importancia de tomar conciencia de clase: eso le ayuda a uno a tener congruencia entre lo que uno dice, y lo que uno hace. O entre lo que uno piensa, y lo que uno es. Vaya, en una niña pequeña medio se vale que se sienta princesa de Disney y viva en un Fomerrey, pero en una adolescente ya es patético, y en una adulta una actitud así (porque las hay, ¿no?) salta a lo patológico, creo.

Hay quien critica a la compañía Disney por sembrar una ideología en los niños. Yo imagino que si lo hizo al principio, cuando Walt vivía, fue sin querer: simplemente pregonaba lo que él creía; la manera en que, desde su perspectiva, deberían de ser las cosas. Ya después se murió Mr. Walt y sus descendientes se dieron cuenta del enorme negocio que tenían en las manos y allí sí se dedicaron a manipular a los niños no para ideologizarlos, imagino que eso no les importaba gran cosa, sino simplemente para sacarles cada centavo que se pudiera.

Corríjanme si me equivoco: Creo que Disney no le ha sacado tanto dinero a los niños varones, sino a las niñas. La mina de oro son el concepto "princesas de Disney". Y lo curioso es que las protagonistas cambian mucho de una época a otra. Hay, creo, una gran diferencia, entre Blancanieves, Bella, Rampunzel. Responden a diferentes sociedades, a diferentes ideales de mujer. O en todo caso muestran la evolución que el concepto de mujer ha tenido en nuestra sociedad, creo. Y lo curioso es que todas las princesas salen de los cuentos fantásticos europeos, pero al adaptarlas al cine, de alguna manera les insertan la mentalidad o el modelo conceptual imperante en el momento en que se estrena la película; crean un personaje que es lo que una niña espera ser en su momento.

Y bueno, tiene días que pienso en La Bella y la Bestia. En el cuento original, no precisamente en la versión de Disney. El argumento, entiendo, viene de Apuleyo, y ha ido siendo adaptado en diferentes épocas. La versión más conocida es la de Beaumont, escrita en 1756. El argumento, según la Wikipedia, es el siguiente:
Esta es la historia de un rico mercader que tenía tres hijas. Dos de ellas eran presuntuosas y vanidosas, y la menor, a la que por su belleza llamaron Bella, era, sin embargo, humilde y bondadosa. Todas tenían siempre pretendientes dispuestos a casarse con ellas. Pero mientras las dos primeras rechazaban despectivamente a todos los candidatos, ya que ansiaban casarse con un noble, Bella los recibía y conversaba con ellos, aunque los rechazara cortésmente. Un golpe de mala fortuna hizo que el mercader perdiera todas sus riquezas, por lo que todos los pretendientes desaparecieron, ya que el dinero era el único motivo para casarse con semejantes mujeres. Bella, sin embargo, siguió recibiendo proposiciones, pero las siguió rechazando. Cierto día llegó la noticia de que uno de los barcos del mercader había llegado a puerto con mercancías. Sus dos hijas mayores le pidieron que les trajera joyas y vestidos, pero Bella le dijo que solo con una rosa ya la haría feliz.

El mercader se dirigió hacia el puerto, pero el barco no había traído apenas nada para su dueño. Cabizbajo, el mercader volvió a su casa, pero fue sorprendido por una gran tormenta que le obligó a refugiarse en un enorme castillo, al parecer abandonado. El mercader recorre el castillo sin encontrar rastro de habitante alguno, a pesar de estar limpio y decorado.

Abandonando toda precaución, se dirige hacia la despensa y empieza a comer y beber hasta saciarse, pues estaba agotado de tan largo viaje. Después, encuentra una elegante cama en la que se acuesta a dormir. A la mañana siguiente se despierta y ve a su lado un rico traje nuevo junto a un desayuno. Agradecido, se dispone a marcharse a su casa cuando ve que en uno de los jardines hay rosas, y se dispone a cortar una para su Bella. Entonces aparece el dueño del castillo, que resulta ser una terrible bestia. Le reprocha que a cambio de su amable hospitalidad él se ha atrevido a robarle una rosa, y se dispone a darle muerte.
El mercader suplica por poder ver a sus hijas una última vez, a lo que la bestia responde que puede marcharse para verlas una vez más, pero a cambio tendrá que traer a una de ellas para que ocupe su lugar. El mercader vuelve a su hogar y le explica lo acontecido a sus hijas, tras lo cual Bella se ofrece para ocupar el lugar de su padre, para regocijo de sus hermanas y desesperación de su anciano progenitor. Bella le recuerda a su padre que las promesas se dan para cumplirse. Y que si ella no hubiera pedido una rosa nada habría sucedido.
Se dirigió Bella hacia el castillo en compañía de su padre, esperando una muerte segura. Sin embargo, una vez allí, la Bestia le concedió la libertad a su padre exhortándole a no volver jamás. Y gentilmente llevó a Bella a unos ricos aposentos, para que viviera toda su vida en el castillo y nunca más pudiera volver a su hogar. A cambio le regaló un espejo mágico para que le permitiera ver a su familia. Al cabo de un tiempo la Bestia pidió a Bella que se casara con ella, pero Bella le respondió que solamente le concedería su amistad.

Pasaron tres meses agradables en el castillo, donde la Bestia llenaba de atenciones a Bella, y ella le correspondía con gestos de amistad. Cierto día, Bella vio en su espejo mágico que su anciano padre estaba muy enfermo, y rogó a la Bestia que le permitiera verlo una última vez, a lo cual la Bestia se negó rotundamente. Pero poco después aceptó con la condición de que Bella volviera tras una semana. Ella lo prometió agradecida y partió hacia su hogar. Una vez allí, sus hermanas, tristemente casadas con personas de bajo nivel, maquinaron una trampa para que Bella estuviera en su casa más de siete días. Al darse cuenta de que había roto su promesa, la muchacha parte rauda hacia el castillo y encuentra a la Bestia tendida en la hierba, agonizando, por la tristeza que le había causado la traición de Bella. Ella se arrodilla ante el monstruo, que exhala ya sus últimos estertores de vida y, entre lágrimas, le suplica que no muera, ya que le ama y quiere ser su esposa. Al escuchar estas palabras, la Bestia se transforma mágicamente en un bello príncipe, que a causa de la maldición de una bruja había sido mutado en Bestia hasta que una mujer quisiera casarse con él.

Bella y el príncipe pasaron el resto de sus días felices en el castillo, junto a su padre, mientras que las hermanas fueron transformadas en estatuas, pero sin perder la consciencia, para que fueran testigos de la felicidad de su hermana.

Yo entré en contacto con ese cuento cuando era un niño, en una versión rusa, que ahora puedes ver en Youtube:


Allí vas a la parte 2 y luego a la 3. O sea, que dura casi media hora, pero para mi gusto es muy bella (perdona, no está en español, pero habiendo leído el argumento creo que puedes entenderlo). Me impresiona la generosidad de la Bestia, en frases como "no eres una cautiva: puedes ir siempre que quieras", porque en buena medida esa es la medida del amor: no busca lo suyo, se sacrifica por el bien del ser amado. Y luego pensaba en que la historia de El fantasma de la ópera, King Kong, incluso la última película de Shreck, son variantes del mito de La bella y la Bestia, pero donde se maneja mejor esta idea es en King Kong, en la última versión, la de 2005. Hay una parte en que se dice:

“Y he aquí que la bestia miró el rostro de la Bella. Y la bella detuvo su mano. Y desde ese día en adelante, él fue como alguien ya muerto.”

Acaso en ello radica la belleza de esa última versión de King Kong: en que a diferencia de las otras, King Kong es muy consciente de que enamorarse implica volverse vulnerable, y sabe que muere por eso, por enamorarse. Se deja matar por amor. Corrígeme si estoy mal, pero ve esto, y ve la mirada del gorilla:


Y casi al final se dice de manera explícita: "no fueron los aviones: fue la bella la que mató a la bestia".

¿Por qué nos gusta tanto Shreck? ¿Por qué el éxito de la historia de la Bella y la Bestia, que sobrevive a los siglos, sin envejecer? Porque todos somos, de alguna manera, la Bestia, que está dispuesto a morir de amor, con la firme esperanza de encontrar a la Bella que lo rescate a uno, que... ¿Que vea en el interior de uno al príncipe que uno puede llegar a ser? Se me ocurre eso, pero no sé: ¿Qué piensas tú?

Óscar Pech Lara

Debemos hacer algo en esta tierra porque en este planeta nos parieron y hay que arreglar las cosas de los hombres porque no somos ni pájaros ni perros
Pablo Neruda, "No me lo pidan", 1959.
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