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martes, 27 de diciembre de 2011

La rosa es eterna, y sólo su apariencia puede cambiar (Alsloot, Denis van)

Hace poco tiempo, un gran amigo mío, Braulio González Vidaña, cumplía años. Me senté a escribirle una nota de felicidades, y un pensamiento vino a mi mente: ¿Qué puedo decirle que sea feliz? ¿Qué se le puede decir a alguien que vive en el paraíso? Y pensé en ese bello poema de Edgar Allan Poe: "A alguien en el paraíso" (si quieres oírlo y leerlo, da clic aquí). O mejor dicho, el poema es muy malo, pero el título es hermoso, y da para pensar: ¿Qué puede  decirle alguien en el infierno, o en las miserables circunstancias que esta tierra nos prodiga de manera harto generosa,  a alguien cuya vida se desenvuelve en el paraíso? Y entonces pensé que eso no era cierto; que en realidad nadie vive en el paraíso. O en todo caso no lo hace de manera permanente: Todos tenemos una carga sobre nuestros hombros. A algunos no se les ve, pero todos tenemos una carga sobre nuestros hombros. Algunos parecen vivir en el paraíso, pero eso es sólo porque la cargan que llevan es de otra índole, muchas veces invisible. Así que le escribí la nota a Braulio y dejé que el tiempo siguiera corriendo, mientras pensaba de continuo en esta idea: todos hemos vivido, pero nadie de manera permanente, en el paraíso.

Y claro, si tú ahorita estás en el paraíso, disfrútalo intensamente: incluso en las mejores circunstancias la felicidad es un asunto agridulce e increíblemente frágil.

Lo cual me lleva a recordar que alguna vez alguien lleno de soberbia, y con un deseo incontenible de presumir sus circunstancias, preguntó, en medio de una reunión: "¿Qué tan lejos has viajado?" Lo pensé un momento, y con voz neutra, dije: "Lo más lejos que he viajado es al cielo, sin salir de mi habitación, y al infierno, sin abandonar las paredes de mi mente" y, luego de pensarlo un momento, añadí: "o de mi corazón". Y estoy seguro que toda persona que ha vivido lo suficiente está de acuerdo conmigo. Nadie está por encima de sus circunstancias, pero a veces lo que sucede en nuestro interior es tan intenso, que está muy por encima de nuestras circunstancias.

Esto, creo, es muy importante. Permítanme repetirlo: Las circunstancias nos delimitan y determinan (¡qué terrible esto que acabo de decir!), pero, por encima de ello está nuestro interior, nuestra voluntad, nuestro albedrío, si así lo deseamos. 

En los últimos meses he tenido una larga discusión de muchos capítulos, en donde el tema central ha sido, palabras más, palabras menos, "a veces el amor no basta para paliar las diferencias cuando éstas son fundamentales". Yo no sé si le diste clic en la liga pasada. Pero ahora sí te pido que des clic en la liga de abajo y leas el relato completo:


Claro, acaso hay quien no quiso leer el relato, y entonces cito este fragmento del relato:

"El otro lo miró con recelo. Dijo con voz distinta:
-Pero, ¿hay una meta?
Paracelso se rió.
-Mis detractores, que no son menos numerosos que estúpidos, dicen que no y me llaman un impostor. No les doy la razón, pero no es imposible que sea un iluso. Sé que "hay" un Camino."

Sin aburrirte con Fromm, puedo decirte que hay muchos tipos de "amor", muchos tipos de "fe". Hay, incluso, muchos Jesucristos, y no todos se perecen en realidad al que muestran y del que testifican los evangelios. Hay aproximaciones, semejanzas, charlatanerías, pero para la verdadera fe, para la verdadera fuerza de voluntad, para el verdadero amor, no hay límites, ni imposibles, ni circunstancias inabatibles. 

No conocía a este pintor, Denis Van Alsloot. Ignoro cuáles fueron sus circunstancias, pero sé que no vivió, no perennemente, en el paraíso. Y, sin embargo, sé que tuvo la habilidad de transmitirnos un poco su paraíso personal. En pinturas como "paisaje de invierno", o "descanso en el camino a Egipto", nos eleva a su paraíso, independientemente de nuestras circunstancias. Y eso es glorioso, o eso es arte, o acaso por ello el arte es glorioso. Que también tú puedas llevar a alguien continuamente a tus momentos (que ojalá sean numerosos y duraderos) en el paraíso:

 
Óscar Pech Lara

Debemos hacer algo en esta tierra porque en este planeta nos parieron y hay que arreglar las cosas de los hombres porque no somos ni pájaros ni perros
Pablo Neruda, "No me lo pidan", 1959.

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