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miércoles, 8 de febrero de 2012

Oda a mis amigos

Hará unos tres años escribí el siguiente poema, o lo envié a mis amigos. Creo que es tiempo de volverlo a enviar. Creo que es bueno volver a decir algo ya dicho antes. Son cosas que yo puedo decir, porque salen de mi vida, pero también espero que tú puedas decirla acerca de aquellos que te rodean, que te quieren y a quienes quieres. La vida es eso: dar y compartir. La vida es nada si no tienes un amigo, si estás solo. Hoy salimos de vacaciones. Que las disfrutes en donde quiera que estés, que puedas iniciar un nuevo lazo, un contacto nuevo con tu hermano, el hombre; que puedas endulzar un poco la existencia de alguien:

OP


Oda a mis amigos
 
Soy un hombre crédulo de bendiciones:
Son míos el aire, la noche, el amanecer,
la dulce compañía
de mi hermano el hombre.
He recibido tres dones en mi nacimiento:
Un cuerpo sano y perfecto,
el amor de quienes me rodean de cerca y de lejos,
y el arma de mi lengua,
saeta pulida que juega entre mis dientes.
 
La vida ha sido generosa en otorgarme dones
donde la planta de mi pie ha dejado su huella,
sembrando semillas de afecto que brotan
en mi ignorancia,
en medio del intercambio de palabras,
entre las ideas que las acompañaban
y de las noches en que fueron dichas.
 
¿Qué es la amistad?
Es la charla de feliz sobremesa, el mejor postre del banquete.
Es las palabras dichas al amanecer, cuando las impresiones
son más frescas y claras que el rocío.
Es el "ride" del trabajo a la casa, cuando el intercambio
de juicios mata al estrés y enriquece nuestra alma.
Es el diálogo secreto, confesado en la noche, la cena
de solteros, el pan, el chocolate y la música.
Son las insomnes noches en que, trabajando juntos,
descubrimos una nueva manera de ver el conocimiento
y la vida.
Es compartir a Borges y a Whitman, cuya influencia
espero se note en estos versos.
Es el corazón de una clase, que no era parte de la clase misma,
que hizo que sintiera el deseo de volver a verte.
Son las cartas que nos muestran lugares a los que nunca iremos:
amaneceres en Viena o Estocolmo.
Es las caminatas compartidas que nos mostraron el largo mundo
y nuestro lugar en el mundo.
Son los comentarios que rompían el monótono trayecto del metro.
Es contemplar la sal líquida del otro, en silencio y solos,
bajo la cobija de estrellas.
Es la puerta segura a la que se acude
cuando el peso de la soledad se hace insostenible.
Es el consejo de una persona
que sabe ser ángel y guardaespaldas,
discípulo y maestro, al mismo tiempo.
 
Es esa materia extraña,
nunca derrotada por el tiempo o la distancia.
Es jugar un ajedrez, hecho de palabras, en donde nadie pierde.
 
Es quien sabe cuando dejamos una mujer,
y cuando fuimos dejados por una mujer;
el digno recipiente de nuestros sueños y nuestras tristezas.
 
Y es el último adiós, dado sin saber que sería el último,
carente acaso de suficientes lágrimas y abrazos.
 
Pero es también la esperanza, de que algún día,
tú y yo podamos caminar de nuevo, sin prisas,
en las diáfanas calles invernales de Ciudad Mier,
ciudad diseñada para caminar y disfrutar
del inmerecido don de la palabra.

Óscar Pech
 
"In the faces of men and women I see God"
Walt Whitman, from Leaves of Grass

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