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domingo, 4 de marzo de 2012

Italo Calvino, Las Cosmicómicas, Los dinosaurios


Es difícil escribir de un texto así como lo hago ahora, de memoria, sin tenerlo a la mano, con impresiones que acaso ya son desdibujadas. Italo Calvino es un gran autor. Como una vez lo dijo él, sus libros tienen la cualidad, como los de Monterroso, de que cada uno es absolutamente diferente del anterior, casi como si hubieran sido escritos por otro autor, salvo por dos cosas: algo que muy bien podríamos llamar candor narrativo, que atrae poderosamente al lector, y porque cada uno de sus libros es sumamente inteligente, al grado de que algunos son, definitivamente, muy difíciles de seguir, como en el caso de Palomar, o algunos de los relatos de Las cosmicómicas, el libro del que deseo hablar hoy.

Las cosmicómicas es una serie de relatos que tienen como punto de hilación dos cosas. Primero, el narrar diferentes momentos de la historia del universo, desde el Big Bang hasta el presente, segundo, su narrador: Qfwfq. Cada relato inicia con un brevísimo comentario científico que nos habla del origen del universo, de la evolución, de cómo se desplaza la luz, y entonces el narrador, que es una voz sin un cuerpo definible, que ha vivido toda la historia del universo, nos cuenta lo que recuerda de ese momento. El lector, entonces, se enfrenta a un narrador como no he conocido a otro en la Literatura: a veces es un ser humano, a veces es animal, a veces simplemente no tiene cuerpo porque nos habla de cuando no existía materia.

Muchas veces la ciencia es simplemente tediosa, árida, inhumana. Qfwfq se encarga de mostrarnos el lado surrealista, ordinario, cotidiano en los fenómenos ya inextricables, ya trillados de la ciencia, a veces marcándolos con elementos de semiótica, como sucede con el relato “Un signo en el espacio” donde, sin teorizar, se nos habla del signo, su representación, su realidad y autenticidad, su interpretación. Diferentes lectores encuentran diferentes relatos como los más representativos del libro. Para mí siempre, por su riqueza narrativa e imaginativa, porque se adentran en el corazón del hombre, siempre estarán por encima de todos el primero, “La distancia de la luna”, y el titulado “Los dinosaurios”. En éste, como se ha dicho, “En una veintena de páginas encontramos una agudísima reflexión acerca del peso del pasado y las costumbres, el miedo a lo desconocido y hasta una bella historia de amor imposible”. Para leer “Los dinosaurios”, hay que dar clic aquí. Es la mejor versión que encontré en la red. Falta el primer párrafo, el comentario científico, que es el que da origen al relato. No ofrezco ningún comentario al texto, que se explica a sí mismo y cuya belleza no necesita ser comentada:

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