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viernes, 31 de enero de 2014

Grillos cebolleros



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El Élder Élder Neil L. Andersen, nos cuenta la siguiente historia, digna de recordarse siempre:

Nuestra familia vivió durante muchos años en el estado de Florida. Debido a la alta concentración de arena que hay en este estado, el césped es de un tipo de hoja ancha al que llamamos San Agustín. Un enemigo monumental del césped de Florida es un pequeño insecto marrón llamado grillo cebollero.

Una tarde mientras mi vecino y yo estábamos frente a la casa, nos fijamos en un bichito pequeño que cruzaba la acera. “Será mejor que fumigues el césped”, me advirtió mi vecino. “Ese es un grillo cebollero”. No hacía demasiadas semanas que lo había fumigado, y no pensaba que tuviera ni el tiempo ni el dinero para volverlo a hacer tan pronto.

A la mañana siguiente examiné el césped, el cual estaba frondoso y de un verde muy bonito. Observé si podía ver alguno de esos pequeños insectos, pero no pude ver ninguno. Recuerdo que pensé: “Bueno, quizás aquel pequeño grillo cebollero pasó por mi jardín en camino al de mis vecinos”.

Observé el césped por más de una semana buscando señales de invasores, pero no había ninguna apreciable; y me felicité por no haber hecho caso del consejo de mi vecino.

La anécdota, sin embargo, tiene un final triste. Al salir de casa una mañana, unos diez días después de la conversación con mi vecino, vi, con horror, como si hubiese ocurrido durante la noche, que el césped estaba cubierto de manchas color marrón. Fui entonces a toda prisa a comprar insecticida y lo apliqué de inmediato, pero era demasiado tarde. El césped se había arruinado y para restaurarlo a su estado anterior fue necesario plantar más césped, largas horas de trabajo y un gran gasto.

La advertencia de mi vecino había sido fundamental con respecto al césped. Él vio lo que yo no veía; sabía algo que yo no sabía: que esa clase de grillos viven bajo tierra y se movilizan sólo de noche, por lo que mis inspecciones diurnas no sirvieron de nada. El también sabía que esos insectos no se comen las briznas del césped, sino que se alimentan de las raíces de éste. Y sabía que esas pequeñas criaturas de dos centímetros y medio de largo comerían muchas raíces antes de que yo viese el efecto de ello a flor de tierra. Pagué un precio muy alto por mi petulante independencia.

Vivimos en una época magnífica donde las bendiciones de las que gozamos son suntuosas y exuberantes. Con fe en el Salvador y obediencia a los mandamientos podemos llenar nuestra vida de satisfacción y regocijo.

Pero en estos tiempos de tanta belleza, las dificultades que hallamos al escoger servir al Señor son más sutiles que las de épocas anteriores, aunque sin duda son igual de frecuentes en el ámbito espiritual. Hay grillos espirituales que horadan por debajo de nuestros muros de protección e invaden nuestras delicadas raíces. Muchos de esos “insectos” de maldad parecen pequeños y, a veces, son casi invisibles. Si no los combatimos, harán daño e intentarán destruir lo que es más valioso para nosotros.

Las advertencias de los profetas y apóstoles siempre los llevan a hablar del hogar y de la familia.

Élder Neil L. Andersen, “Los Profetas Y Los Grillos Cebolleros Espirituales”. En Liahona, octubre de 1998

Élder Andersen nació en Logan, Utah, y se crió en Pocatello, Idaho, en una granja ganadera, donde recuerda haber hecho “las tareas típicas de una granja, desde la mañana hasta la noche”. En el bachillerato se destacó como líder estudiantil: llegó a ser presidente del centro de estudiantes del estado de Idaho.
Se graduó de la Universidad Brigham Young, donde fue un Becario Hinckley. También obtuvo una maestría en administración de negocios de la Universidad de Harvard. Luego de terminar sus estudios, se estableció en Tampa, Florida, donde sus negocios abarcaban la publicidad, el desarrollo de bienes raíces y la asistencia médica.

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