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sábado, 27 de junio de 2015

Un acercamiento al discurso del Rey Benjamín

La primera vez que aparece el rey Benjamín en el Libro de Mormón, (Omni 1: 23-25) se nos describe como un líder militar. Sin que se nos den muchos detalles, sabemos que fue el líder de guerras muy sangrientas, y que salió victorioso en las mismas. Casi como un simple comentario, sabemos que era un hombre justo. Ya en Mosíah, capítulo 1, sabemos que vivió una vida larga y pacífica.

En ese capítulo hay muchas cosas que leer entre líneas. Nos enteramos, por ejemplo, que en 470 años el idioma nefita había cambiado tanto, que las personas requerían de instrucción especial para poder leer, digamos, las palabras de Nefi o de Lehi (1: 1). Una lengua es una cosa viva, que cambia, que evoluciona, a veces se multiplica, pero finalmente envejece y muere. Nos enteramos que las planchas de bronce estaban escritas en egipcio (1:4) y que en América no solo estaban los mulekitas y los lehitas, sino que habían llegado muchos otros pueblos que se habían unido a ellos (1:11)

La evolución de la lengua, la influencia del egipcio, la llegada de otros pueblos, da la impresión de que el conocimiento de la lectura y la escritura eran privilegio de nobles, y una parte fundamental del oficio de gobernar. Los gobernantes, según parece, tenían que ser hombres de letras. El manejo de un discurso perfectamente estructurado (si no esquematizado, sí me queda claro que había ciertos esquemas discursivos, como el uso del quiasmo, por ejemplo), era fundamental en la comunicación.

Toda su vida se resume en no más de cinco versículos. De hecho, en su faceta como padre, no es mucho lo que se nos dice: “Y aconteció que después que el rey Benjamín hubo acabado de enseñar a sus hijos, envejeció”. La frase, que al parecer era una frase hecha (Cfr. 2 Nefi 4:12), si entiendo bien, indica que ser padre es una labor de toda una vida.  Vaya, sabemos que fue un militar, un rey y un padre extraordinario, y eso no ocupa más de media cuartilla. La verdadera fuente que tenemos para conocerlo como persona, es solo un discurso, su último discurso, cuando él ya era un venerable anciano.

Debo decir que en diferentes lecturas del Libro de Mormón, mi concepto acerca de ese discurso ha cambiado sustancialmente. En mis primeras lecturas veía enseñanzas marcadas por versículos. En una segunda etapa trataba de ver líneas de pensamiento, y eso me irritaba bastante, me era muy frustrante cómo Benjamín era tan anciano, que habla como lo hacen los ancianos: divagando, saliéndose del tema, dejando temas inacabados. Entonces vino una tercera etapa, en la que yo me hacía la pregunta: si yo fuera a morir, ¿qué mensaje daría a mi gente? ¿Qué es lo más importante para mí como para dejar como “famous last words”? Aquí sí noto una estructura clara, que tiene una perfecta coherencia con toda su vida, que estaba dedicada al servicio:

a.      Vv. 2: 10-19: ¿Por qué el rey Benjamín estaba tan dispuesto a servir? Porque estaba consciente de que esa es la única manera de servir a Dios.
b.      Vv. 2: 20-25 Dedicó todos sus días a servir a su pueblo 1) Porque amaba a Dios 2) Porque comprendía la bondad de Dios y la insignificancia del hombre.
c.       2:34 Solo hay una manera en que yo, lector, puedo mostrar gratitud a Dios por su bondad: entregando al Señor todo lo que tengo, y todo lo que soy.
d.      Vv. 3: 5-11 El Señor mismo nos dio un ejemplo de servicio perfecto, con perfecta humildad, haciendo toda Su obra, habitando “en un tabernáculo de barro”.
e.       Vv. 3:18-19 Solo a través de la sangre expiatoria de Cristo podemos nacer de nuevo y ser salvos.
f.        El capítulo 4 es un largo paréntesis: Nadie se salva en el orgullo: no hay un humano que valga más que otro.
g.      Capítulo 5: Cómo se logra ese nacer de nuevo, y cómo evitar la segunda muerte.

Ahora, ese es el esquema de sus pensamientos, de su enseñanza. Pero en mis últimas lecturas del Libro de Mormón, me he centrado más bien en el proceso de la enseñanza. ¿Cómo enseñó el rey Benjamín? Primero, preparó sus ayudas visuales, su lugar de enseñanza: Primero les hizo ir “hasta el templo” (1:18; 2:1; 2:9, es decir, esa insistencia en la frase “hasta el templo” tres veces, indica que de verdad el templo estaba en un lugar MUY alto, o de no fácil acceso). Segundo, hace construir la torre para hablar a su pueblo. Tercero, hace que los que no pueden escucharlo (2:8) recibieran sus palabras por escrito (aquí yo me pregunto: ¿a diferencia delos pueblos mesoamericanos, todos los nefitas sabrían leer? ¿O mandó sus palabras con emisarios para que ellos pudieran leerlas al pueblo? 1: 1-2 me hace pensar que más bien fue esto último).


¿Y eso es todo? Yo intuyo que no: si me parara yo en una torre y diera ese discurso, el efecto que tendría sería muy diferente. Lo que hizo que su discurso fuera tan poderoso, son dos factores, creo.

Primero. Que el discurso fue la traducción a palabras de lo que ellos habían visto en él en toda una vida donde él no hacía otra cosa que servirles. Las acciones de él hicieron que sus palabras tuvieran un peso que de otra manera no habrían tenido.

Segundo. El uso del quiasmo. Y de nuevo esa duda que me asalta: el uso del quiasmo en el Libro de Mormón no es nada más una manera de mostrar que el que lo emplea es un hombre de letras con una gran agilidad mental, no. Es una manera muy poderosa de dejar una enseñanza. Es algo a lo que nosotros somos ciegos, pero en la mente de los habitantes de esa cultura tenía gran efecto. Y de nuevo, me pregunto: ¿Cómo era esto? ¿Cómo funcionaba? ¿La persona empezaba a usar el quiasmo y la gente, así nada más, lo captaba? No creo, por la manera en que se hilan los conceptos debo entender que había algo más. ¿El que expresaba el quiasmo usaba alguna ayuda visual? ¿Algún gráfico? ¿Algo de lenguaje corporal como el uso de ciertos ademanes para indicar el uso del quiasmo? A mí me parece que sí, sobre todo porque estamos hablando de un texto oral. Vaya: lo leyeron los que no alcanzaban a oírlo, pero los que escucharon este discurso, absolutamente todos los que habían llegado a la edad de responsabilidad, cayeron a tierra (4:1) y tuvieron un cambio en sus corazones (5:2); se convirtieron (y uso esta palabra no en un sentido lato, sino de la manera más denotativa posible). Entonces, veamos de nuevo el discurso del rey Benjamín, y dividámoslo no en partes significativas, sino veamos su discurso en función de autoría, circunstancias y propósito:

1.      Mosíah 2: Habla él al pueblo, les hace tomar conciencia de todo el servicio que él les había dado, acaso para prepararlos para lo que sigue. Este capítulo es, por decirlo así, una introducción preparatoria.
2.      Mosíah 3: Benjamín da al pueblo las palabras que un ángel le comunicó. Aquí aparece el primer quiasmo. Vale la pena hacerse la pregunta: ¿Quién es el autor del quiasmo? ¿Benjamín, o el ángel? Si es una cita verbatim, (i.e., si Benjamín estaba citando textualmente al ángel, palabra por palabra) eso abre la puerta para muchas preguntas: ¿En qué circunstancias, que función, que propósito tiene el uso de la poesía en las esferas celestes? ¿En las esferas terrestre y celestial se habla en verso, o el ángel simplemente sabía que esa era una manera de dar un mensaje de manera muy fuerte al pueblo nefita, y por eso le habló de esa manera? Es decir, ¿es solo una muestra de que los seres celestiales nos hablan en nuestro idioma y de acuerdo a nuestra capacidad espiritual, cultural, mental, educacional, etc.? Yo creo esto último. Es decir, si se me apareciera un ángel en este momento, estoy seguro de que no usaría un quiasmo: soy ciego a ellos, y todos mis conciudadanos también lo son; no tendría sentido que lo usara. Pero bueno: no voy a explicar mucho el uso del quiasmo. Solo quiero aclarar dos cosas: Primero, que lo más importante estará siempre en el centro del quiasmo. Lo segundo más importante, alrededor del centro. Lo tercero, el inicio y el fin del quiasmo. En este caso, el quiasmo está en Mosíah 3: 18-19, y su centro es Cristo, como casi siempre en el Libro de Mormón (salvo, por ejemplo, en los quiasmos condenatorios de Abinadí, los cuales son muy fuertes por ello: era un maestro que gustaba de hacer quiasmos cuyo centro era mostrar a sus alumnos que de antemano estaban condenados). En este caso del que hablamos, del rey Benjamín, en el centro, junto a Cristo, está la Expiación y la definición de lo que es el hombre natural. El inicio y fin del quiasmo es juzgar: El Padre juzga, su juicio es justo, y nosotros haríamos bien en confiar en Su juicio.
3.      Mosíah 4: Benjamín sopesa la respuesta del pueblo y, en función de ello, —y esto es muy importante— improvisa el resto del discurso. No lo llevaba escrito: les habla sin llevar un texto preparado. El quiasmo (4:11-12) inicia hablando del conocimiento de la gloria de Dios. Vale decir, ellos en ese momento acababan de tener ese conocimiento. Nuevamente, este quiasmo y el que sigue son improvisados, son pronunciados “sobre la marcha” y, sin embargo, la manera en que se engarzan los conceptos no se siente mecánica, o torpe: es claro que el rey Benjamín, aparte de ser un gran guerrero, estadista y padre de familia, era un hombre de letras extraordinario. El quiasmo nos indica que este conocimiento no es como el conocimiento secular: nos da gozo, nos llena de amor. El centro del quiasmo es la humildad y, junto al centro, dos conceptos el “recordar siempre” y el reconocer la grandeza de Dios, lo cual nos ayudará a mantenernos en humildad. Este quiasmo, creo, potencia las enseñanzas del rey acerca del dar limosna y de considerarnos a nosotros mismos como pordioseros ante el padre, que es lo que sigue en el capítulo.  
4.      Mosíah 5: Una vez que termina, indaga entre el pueblo para ver hasta qué grado le creen y, en función de los resultados, concluye su discurso. La conversión suele un proceso que dura toda una vida. En el caso de este pueblo, todos se convirtieron gracias a dos cosas: una vida de servicio por parte del rey, y este portentoso discurso, abundante en quiasmos que era algo muy fuerte para los nefitas. El tercer quiasmo, que es la conclusión del discurso del rey, se encuentra en 5:9-12. Inicia y termina con “el nombre por el cual seremos llamados”. El centro del quiasmo es la transgresión, y alrededor del centro, los conceptos de recordar ese nombre, y la idea de que ese nombre “puede ser borrado” por esa causa: por la transgresión. Es decir, es un llamado a tener cuidado de que no nos pase lo que pasaría con la siguiente generación, la de Alma hijo.  

Nuevamente, veamos los tres quiasmos en conjunto, como los tres hilos conductores del discurso del rey Benjamín: 1. La expiación del Señor nos ayuda a vencer al hombre natural. 2. El ser humildes y poder vernos a nosotros mismos “desde afuera” nos ayuda a permanecer firmes en el conocimiento de la gloria de Dios. 3. Es importante que nos mantengamos con esa humildad y libres de pecado, a fin de que podamos retener ese nombre, por el cual seremos llamados. Destaca, creo, que para abrir y cerrar el último quiasmo, Mosíah emplea estas dos declaraciones: (Mosíah 5: 8 y 13):

“…No hay otro nombre dado por el cual venga la salvación; por tanto, quisiera que tomaseis sobre vosotros el nombre de Cristo… Porque ¿cómo conoce un hombre al amo a quien no ha servido, que es un extraño para él, y se halla lejos de los pensamientos y de las intenciones de su corazón?”

Por ello, el rey Benjamín, que tenía su mensaje perfectamente estructurado, termina con estas palabras: “Por tanto, quisiera que fueseis firmes e inmutables, abundando siempre en buenas obras para que Cristo, el Señor Dios Omnipotente, pueda sellaros como suyos, a fin de que seáis llevados al cielo, y tengáis salvación sin fin, y vida eterna mediante la sabiduría, y poder, y justicia, y misericordia de aquel que creó todas las cosas en el cielo y en la tierra, el cual es Dios sobre todo. Amén.” (Mosíah 5: 15).

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